Atraparon al sapo,
obscuro lo metieron en un pozo
y le dieron gozo.
Los golpes la cabeza
contra las paredes resonaban,
y éste las frases estúpidas
al viento farfullaba.
Mas geniales parecían
al sabio que pasaba
y alegre las oía.
Que de pura tontería
el espíritu no salía:
sino que dormía,
dormía y dormía…
Para no despertar de su letargo:
ni el sabio que las escuchaba
ni el sapo que las profería.
Ambos se encontraron cara a cara,
medio lelos se miraron….
y no se conocieron para nada!
Ni el sabio al sapo
ni el sapo al sabio.
José Luis Benítez