Celeste Lamas, poemas


Las manos de mi madre

Las manos de mi madre, eran puro amor.

Las manos de mi madre, eran cálidas.

Las manos de mi madre, abrazaban con ternura.

Las manos de mi madre, tenían la fuerza de la humildad.

Las manos de mi madre, aliviaban algún dolor físico y del           

                                                                                         corazón.                                                      

Las manos de mi madre, tenían don, para darnos lo mejor.

Las manos de mi madre, abrazaban sin rencor.

Las manos de mi madre, siempre perdonaban.

Las manos de mi madre, no pedían nada a cambio.

Las manos de mi madre, calentaban mi cuerpo, cuando tenía

                                                                                                       frío.

Las manos de mi madre, junto a las mías…pura poesía.

Echo de menos tus manos. ¡Madre!


WhatsApp

No teníamos tiempo de visitarnos.

No teníamos tiempo de abrazarnos.

No teníamos tiempo de disfrutar sonrisas,

compartir juegos, acariciar las manos.

 

No teníamos tiempo de una charla amable.

No teníamos tiempo de compartir recuerdos.

No teníamos tiempo de compartir tiempos.

El WhatsApp se encargó de ello.

Después…el tiempo terminó.


Fidelidad

Moriré siéndote fiel

amado mío.


A pesar de los ofrecimientos

sin amor. Si, divertidos solo

sexo, sin sentido.

 

Confieso que esta terrible

soledad,  a veces me oprime

el pecho a punto de asfixiarme,

y quisiera entregarme a los placeres

de esos brazos que dicen amarme. 

 

A pesar de que mi corazón no siente

lo que de ti deseo.

 

Pero… ¿Qué más da?

 

Si aún no se quien eres, no puedo

serte infiel, si no tengo el placer

de conocer tu rostro.

 

Al llegar el momento, me echo

para atrás, porque no siento ese

amor, que por ti tengo.

 

Quiero ser fiel a mi conciencia y

a tu sentimiento.

 

Y otra vez el velo de seda de

nombre soledad, en mi pecho.

 

Amado mío, ¿Por qué  tardas tanto?

¿No ves que por ti estoy muriendo.

 

A veces te siento tan cerca, que huelo

tu aliento, pero no sé si es ilusión o

ensoñamiento.

 

Y…sueño, sueño, sueño

Oigo tu voz y me estremezco.

Tus palabras llegan a mi como un

balanceo de sutiles olas.

¡Y sueño!.. Que me sumerjo en ellas.

¡Y me abrazan!

Me envuelven cubriendo todo

mi cuerpo.

Como un velo formado por miles de

luminosas gotas de mar, que al rozar

mi cuerpo se cristalizan en forma de

diamantes.

Me dejo llevar por tu voz.

Y, sueño que me sumerjo en ti.

Y, sueño que me susurras en mis

oídos, cálidamente, amorosamente.

Pero tu voz llega de muy lejos.

Como el eco de las caracolas marinas,

besando mis recuerdos.

Y, sueño ser una sirena deslizándome

entre tus brazos.

Unos brazos fuertes, seguros.

                  ¡ Amantes!

Y al roce de nuestros cuerpos quedamos

hechizados como la magia en los cuentos.

Unidas nuestras Almas, nuestras manos,

nuestros cuerpos.

Unas figuras de sal en el infinito.

Recuerdan la leyenda.

Cantando con música de Sirenas.

Se amaron más allá de la muerte.

Y…SUEÑO, SUEÑO, SUEÑO.


Celeste Lamas es miembro de la Unión Nacional de Escritores de España.