Las manos de mi madre
Las manos de mi madre,
eran puro amor.
Las manos de mi madre,
eran cálidas.
Las manos de mi madre,
abrazaban con ternura.
Las manos de mi madre,
tenían la fuerza de la humildad.
Las manos de mi madre, aliviaban
algún dolor físico y del
corazón.
Las manos de mi madre,
tenían don, para darnos lo mejor.
Las manos de mi madre,
abrazaban sin rencor.
Las manos de mi madre,
siempre perdonaban.
Las manos de mi madre, no
pedían nada a cambio.
Las manos de mi madre,
calentaban mi cuerpo, cuando tenía
frío.
Las manos de mi madre,
junto a las mías…pura poesía.
Echo de menos tus manos.
¡Madre!
WhatsApp
No teníamos
tiempo de visitarnos.
No teníamos
tiempo de abrazarnos.
No teníamos tiempo de
disfrutar sonrisas,
compartir juegos,
acariciar las manos.
No teníamos
tiempo de una charla amable.
No teníamos
tiempo de compartir recuerdos.
No teníamos
tiempo de compartir tiempos.
El WhatsApp
se encargó de ello.
Después…el
tiempo terminó.
Fidelidad
Moriré
siéndote fiel
amado mío.
A
pesar de los ofrecimientos
sin
amor. Si, divertidos solo
sexo,
sin sentido.
Confieso
que esta terrible
soledad,
a veces me oprime
el
pecho a punto de asfixiarme,
y
quisiera entregarme a los placeres
de
esos brazos que dicen amarme.
A
pesar de que mi corazón no siente
lo
que de ti deseo.
Pero…
¿Qué más da?
Si
aún no se quien eres, no puedo
serte
infiel, si no tengo el placer
de
conocer tu rostro.
Al
llegar el momento, me echo
para
atrás, porque no siento ese
amor,
que por ti tengo.
Quiero
ser fiel a mi conciencia y
a
tu sentimiento.
Y
otra vez el velo de seda de
Amado
mío, ¿Por qué tardas tanto?
¿No
ves que por ti estoy muriendo.
A
veces te siento tan cerca, que huelo
tu
aliento, pero no sé si es ilusión o
ensoñamiento.
Y…sueño, sueño, sueño
Oigo
tu voz y me estremezco.
Tus
palabras llegan a mi como un
balanceo
de sutiles olas.
¡Y
sueño!.. Que me sumerjo en ellas.
¡Y
me abrazan!
Me
envuelven cubriendo todo
mi
cuerpo.
Como
un velo formado por miles de
luminosas
gotas de mar, que al rozar
mi
cuerpo se cristalizan en forma de
diamantes.
Me
dejo llevar por tu voz.
Y,
sueño que me sumerjo en ti.
Y,
sueño que me susurras en mis
oídos,
cálidamente, amorosamente.
Pero
tu voz llega de muy lejos.
Como
el eco de las caracolas marinas,
besando
mis recuerdos.
Y,
sueño ser una sirena deslizándome
entre
tus brazos.
Unos
brazos fuertes, seguros.
¡ Amantes!
Y
al roce de nuestros cuerpos quedamos
hechizados
como la magia en los cuentos.
Unidas
nuestras Almas, nuestras manos,
nuestros
cuerpos.
Unas
figuras de sal en el infinito.
Recuerdan
la leyenda.
Cantando
con música de Sirenas.
Se
amaron más allá de la muerte.
Y…SUEÑO,
SUEÑO, SUEÑO.
Celeste Lamas es miembro de la Unión Nacional de Escritores de España.