Carta a Miguel, el de Orihuela
Aquí te
escribo, Miguel,
en esta noche incierta de continuidades,
intuyendo que la pluma
no se alía con la «calva»;
aquí te escribo por si acaso
anduvieras perdido, sin noticias;
aunque sé que a ti el tiempo ya
ni te ofende ni te ultraja.
Sabe que este
patio de vecindad,
este patio que nadie alquila,
sigue con el mismo polvo
sin pasar la escoba,
que seguimos con un fantasma de estandartes
y un mito de patrias,
que nos sube un clamor
de saliva contenida
y un resplandor de dientes
al acecho.
¡Ay, Miguel,
que la sangre
sigue lloviendo boca arriba
y las azucenas enturbian los caminos!
Es por ello que en ti me precipito
como en la inmensidad,
y porque el hombre acecha al hombre
allá va mi carta forjada al fuego.
Del poemario La voz inerte
Sospechoso vicio
Leyendo
a los poetas
que
bajo mi vista firman
aprehendidos
ya por la sombra,
caigo
en la sospecha
que
el poema socava, mina
toda
presunción de seguridad,
amenaza
las palabras
con
el vértigo sutil de una pirueta,
aunque
a veces el olvido
en
su oficio lenitivo las suavice.
Viviendo
de prestado
como
denuncia aquí en el papel
el
personaje con quien convivo,
se
me figura poder llegar
a
alguna altura
en
todo aquello que ando
poniendo
a la luz;
mas
si así no fuera,
ruego
se me perdone
del
sospechoso vicio
de avanzar las tardes en su lectura.
Del poemario La voz inerte
La voz inerte
Esta que aquí te habla
es la voz del hombre
con el tiempo en su alcance.
¡Escucha!
Podrá ser el paladar del viento
que en su oquedad lo envuelve,
el lamento de la piedra
con su lengua de dolor,
la cortada rosa
en su ajada belleza
o esa sombra a tu paso
desleída sobre un charco.
El trabajo agotó su juventud,
la nieve techó su medianeza,
la muda pregunta
seca su postrer pensamiento.
Del poemario La voz inerte
Alberto Ávila Morales es miembro de la Unión Nacional de Escritores de España.