Alfredo Jurado, poemas

 

Creación

Que el aguase separe de la tierra

que brillen las lumbreras

En la extensa extensión de todo el firmamento;

abunde la foresta, que los pájaros vuelen

los horizontes amplios;

que se formen los ríos, las lagunas, los mares,

como una bendición sobre la faz

de este legado inmenso que nos fue encomendado.

que se enjambren las aguas con los peces,

que aparezcan adanes para habitar los valles;

que cultiven los campos, que accedan al Edén.


Tiniebla

Con una rotatoria de negror absoluto

se dispersa la mente;

nuestros ojos no alcanzan capacidad de ver,

donde las aureolas paralizan su límite,

en el caos etéreo del complejo universo;

no podremos ser nada, nada será posible,

no habrá espacio habitable

detrás de las corolas luminarias.

Tampoco los sentido podrían concretarse

para aquel amplio abismo.


Que se muestre la luz

Que se muestre la luz

con todo su prodigio,

Que se muestre;

que ahonde en nuestros ojos

hasta alcanzado el fondo,

y llamémosle día;

que así para los ojos

se alcance la visión,

que transcienda el espacio,

-el más extenso espacio -.

Sepárese la luz de la tiniebla,

pues ya no habrá lugar en la consciencia,

si aquella obscuridad

no nos deja sentir

del color ni las formas.


Transcendencia

… Y cuando ya agotado en este espacio,

en esta dimensión en que me encuentro,

habrá llegado a mí cierto propósito;

allí la luz del día me aboca hasta un destino,

en este medio intrínseco que me orienta a la fe;

este latido interno que me inunda,

desde este corazón que me presta su flujo,

me hace correr la sangre, vivifica mi cuerpo;

me llena de la vida.

 

Se dispersa de un lejos la dimensión que habito;

nuevamente comienza a existir magnitud,

y así poder de nuevo comenzar


                               las ganas de vivir cada mañana.