El
camino nunca tiene fin. El horizonte se apura hacia delante.
Tomas
Tranströmer
El
alba no madrugó;
Esperaba despertarnos
entre la multitud.
Nuestras miradas
nublaron aquel sol otoñal
del Madrid vespertino.
Entreabrimos nuestras almas
al latir de un solo corazón,
¿el tuyo?, ¿el mío?, ¿o el de los dos?,
que acompasaban
los acordes de un violín, de un chelo
y de un piano callado.
Amanecía…
la más bella sinfonía de amor: la nuestra.
El hechicero relente
crepitó en nuestras venas.
Tu mirada le susurraba a la mía
lo que la mía a la tuya.
Tu cuerpo entre mis brazos,
el mío entre los tuyos.
Tu sonrisa, mi sonrisa.
Beso a beso nos fuimos silenciando.
¡Ya todo estaba dicho!
Amanecía…
¿o ya había amanecido?
¡Qué más da!
Amanecía…
lo que hoy nos trajo hasta aquí.
Amador Fonfría Santín
