Amaneceres y atardeceres


Juan Antonio Palacios

Entre luces y oscuridades, cada día nos movemos entre las cosas concretas y palpables y las abstracciones, lealtades que no deben convertirse en sumisiones y unidades que no tienen porque transformarse en uniformidades. Cada jornada, cuando iniciamos nuestro caminar por la senda de la vida, emprendemos una nueva aventura.

Abrimos nuestras ventanas a veinticuatro horas de viaje y se diría que todo está prefijado, que poco tenemos que hacer o decir, que hemos de ajustarnos al guión que previamente han escrito por y para nosotros. Despertarnos cada mañana debe estar siempre lleno de sorpresas, repleto de nuevas sensaciones, es como descubrir que todo puede ser distinto por muy conocido que nos parezca, que somos los principales actores de nuestra propia historia, que el confuso mar de nuestras dudas nos mantiene alerta y vivos.

Tal vez, lo que les ocurra a algunos personajes es que se empeñan en hacer de nuestro caminar por la propia existencia un odioso y torturante calvario, que están tan ensimismados en ellos mismos, que ni ven, ni oyen, ni sienten y son como el arrogante que sólo se reafirma humillando al prójimo y pretenden que el universo esté pendiente de sus últimos caprichos.

En todo este ruido desconcertante, nuestra generosidad es el principal activo para incrementar la cuenta de la felicidad. Ser rebeldes frente a la rutina  es la mejor medicina para combatir el aburrimiento y esa plaga que, como decía Groucho Marx , hace estragos a nuestro alrededor y en cada uno de nosotros: tomarse demasiado en serio.

El afectado por este mal no tiene ganas ni tiempo para tomar un poquito en serio a los demás., y todos intentan solucionarlo de manera virtual y a golpe de click montando un juego en el que ellos marcan las reglas y establecen las normas para intentar ganar como sea.

Cuando relativizamos nuestro papel , y comprendemos que en este planeta azul hay otros muchos seres que viven y comparten con nosotros espacio y tiempo , es cuando nos encontramos en condiciones de recrear diariamente esta gran aventura de la vida , si tenemos disposición para disfrutarla y sacar lo mejor de cada momento entre lo racionalmente sospechoso y lo increíblemente inestable.

La película de cada hoja del calendario puede ser un deleite si vamos con predisposición o un infierno insoportable si nos lo proponemos. Lo mejor y lo peor del tiempo por venir , sean las próximas veinticuatro horas, la próxima semana , mes o año nos espera, y podemos desequilibrar la balanza como más nos apetezca, para gozar o sufrir, para abrirnos a todo lo nuevo o permanecer quietos, inamovibles y estáticos.    

Encontrar cuáles son las pequeñas cosas que dan aliciente a cada instante es un ejercicio que beneficia nuestra salud mental. Descubrir que cada hora, cada minuto, cada segundo es distinto al otro, es el principio para no dejar de sorprenderse.

Hemos de aprender y admitir que nadie es imprescindible y tener conciencia de nuestras propias limitaciones. Debemos saber separar lo fundamental de lo accesorio y gozar de nuestro propio tiempo. Iniciamos la aventura cotidiana, con un saludo ritual, buenos días.

Es la expresión de un deseo, que se cumpla depende en gran parte de nuestra actitud positiva ante nosotros mismos, las situaciones que nos  con él afectan y los demás. Tenemos que prepararnos para profundizar en ilustrarnos no sólo a través de nuestros triunfos sino y fundamentalmente, de nuestros errores y como decía Truman Capote “todo fracaso es condimento que de sabor al éxito”.  Y envueltos en estos pensamientos les llegó el atardecer, y con él, el final del día. 

Juan Antonio Palacios Escobar está galardonado con la Medalla de San Isidoro de Sevilla de la Unión Nacional de Escritores de España.