Andrés Pinar Godoy, poemas

 

Malher, la décima

Quiero tocar  lo excelso, partir el camino,

no volver la mirada

abierto a ti, sin  dudas.

A tu desconocida dicha,

infinito destino de tu aliento.

 

Quiero saber  de tu entraña

salida del mar cuando amanece.

De tu aroma que me aturde,

lleno de la angustia de no verte.

 

De la ansiedad de extender

mis dedos para escapar de esta dura

soledad de las montañas. De rozar tu viento 

y no poder fundirme,

más allá de las sombras,

en sobrenatural unión contigo.

 

Ahora yazgo exhausto en el temblor

de mi anhelo. No sé de ti, no te encuentro.

Acecharé  temprano.

y si no estás moriré.

 

No morí en la  novena

más en este vacío final,

en esta niebla que te oculta,

tengo que verte, besar

tu bella y trágica armonía.

 

Será o  no seré  para siempre.

Mí expresado espíritu,

en su mínimo residuo,

se extinguirá por fin

de eternidad impregnado.


Amor es vida

Mañanas azul y rosa

cielos grises se aventan

aire fresco me acaricia.

 

Acaricia mi alma

me remonta a altas cimas

misteriosas, desconocidas.

Las montañas orgullosas

tras la ventana

me llaman al camino.

No acierto a saber hacia qué

ni dónde.

 

Tengo la certidumbre

de que así conecto contigo,

con la levedad de tu cuerpo,

con el místico secreto de tu mirada,

con la promesa de tu boca.

Y entonces pienso que no sé nada del amor,

solo siento.

Es fuerza

sangre de vida.


Los almendros

Soledad de los campos

cuando el sol se abre camino

entre los  frios invernales,

atados al calor

de la lumbre

de las chimeneas

surge en los febreros

algo como inesperado

el sublime canto de los

almendros

en los árboles  que iluminan

la delicadeza de sus formas.

Esa redondez parecida

a tu dulce figura

a tu exquisita elegancia.

A tu fina voz de poesía viviente

que anhela el paseo bajo esa sombra

cogida de la mano del amor

cuando vamos despacio saboreando 

en el anochecer

hasta el último resquicio

de la imagen que ha dejado en nosotros

tanta blancura azulada

tanto cielo

tanta plenitud en nuestros labios.


Amanece

Amanece el aire puro

todo espacio

inmenso en su blancura

casitas azules dónde amamos.

No estorban el odio, los rencores

egoísmos  explotadores.

Ligeros lienzos blancos

olas dormidas

tibia neblina

nos envuelve  y acaricia .

 

Crujen gaviotas

traen olor a  mar eterno

indefinido.

 

Solo pienso en la belleza de tu alma

en la elegancia de tu cuerpo

en tus mechitas rubias sobre

tu rostro aniñado.

 

Transparente

entre los pliegues blancos

de tu velada ropa

mis recias manos abarcan tu cintura.

 

Sentir nuestro palpitar  unísono

armonía de vida

solo elegancia

gozo de nuestra unión

placer de nuestra mezcla,

continuidad el uno del otro.

No quiero sino el canto

sentida la belleza.