Antonio Garcia Pereyra, poema

 

Vestida con la voz


“Una mujer que ha encontrado su voz no regresa jamás al silencio”

 (Virginia Woolf)

 

Aún cuelga en el armario…

Ese vestido guarda

el eco de una ficción consentida:
la silueta obediente de una mujer domesticada
por las coreografías del agrado.

 

Entonces, años atrás,

mi cintura era un voto encorsetado;
y la tela ―satén con filigranas―

una penitencia que sonreía.

 

Ya no me entra, no nos ceñimos,
no porque mi cuerpo lo niegue,
sino porque el alma rehúsa a doblarse de nuevo.

 

Y aunque nadie lo dice,
yo escucho los juicios emboscados
en los ojos que me desvisten al pasar.
Sé que esperan flaqueza en mí,
mi arrepentimiento en acto de ayuno,
mi regreso a los dogmas de la talla perdida.

Pero he aprendido a no pedir disculpas
por ocupar más mundo del que dicen que necesito.

Ahora camino presta,

llena de cicatrices sin subtítulos,
con mi espalda desnuda y sin plegarias;
y mis piernas —antiguo botín de batalla—
son territorio invicto.

 

El vestido me observa desde su horca de madera,
me espera en su nostalgia

con cremallera rota y botones ajados.
Pero ya no hay regreso. No lo hay, ni lo quiero.

 

He sido capaz de vestirme con la voz.
Y esta voz, la más mía,

me queda eternamente perfecta a la medida.

(Poema ganador del Premio Internacional de Poesía Rosa Butler 2026)