Vestida
con la voz
“Una mujer que ha encontrado su voz no
regresa jamás al silencio”
(Virginia Woolf)
Aún
cuelga en el armario…
Ese
vestido guarda
el
eco de una ficción consentida:
la silueta obediente de una mujer domesticada
por las coreografías del agrado.
Entonces,
años atrás,
mi
cintura era un voto encorsetado;
y la tela ―satén con filigranas―
una
penitencia que sonreía.
Ya
no me entra, no nos ceñimos,
no porque mi cuerpo lo niegue,
sino porque el alma rehúsa a doblarse de nuevo.
Y aunque nadie lo dice,
yo escucho los juicios emboscados
en los ojos que me desvisten al pasar.
Sé que esperan flaqueza en mí,
mi arrepentimiento en acto de ayuno,
mi regreso a los dogmas de la talla perdida.
Pero
he aprendido a no pedir disculpas
por ocupar más mundo del que dicen que necesito.
Ahora
camino presta,
llena
de cicatrices sin subtítulos,
con mi espalda desnuda y sin plegarias;
y mis piernas —antiguo botín de batalla—
son territorio invicto.
El
vestido me observa desde su horca de madera,
me espera en su nostalgia
con
cremallera rota y botones ajados.
Pero ya no hay regreso. No lo hay, ni lo quiero.
He
sido capaz de vestirme con la voz.
Y esta voz, la más mía,
me
queda eternamente perfecta a la medida.
(Poema
ganador del Premio Internacional de Poesía Rosa Butler 2026)
