Aquellos días de cine: Sidney Poitier

 

El curso había empezado, corría el año 1968, y en la calle Rualasal de Santander, en el cine Coliseum, se anunciaba la película "Rebelión en las aulas" (To sir with love). Venía precedida de un despliegue publicitario, como un film impactante donde un actor, Sidney Poitier, representaba a un profesor diferente en una zona marginal del East End londinense. Cantaba Lulú el tema central; no podíamos perdernos el estreno,  pero el primer día nos quedamos sin entradas porque se habían agotado, y el segundo,  lo mismo. Había que hacer algo, así es que, como el Instituto estaba cerca del cine, nada más salir nos fuimos a hacer cola a la taquilla que aún estaba cerrada. No importaba la espera, y aunque era lunes y había que hacer deberes, el "sacrificio" de obviarlos estaba más que justificado.

Entramos impacientes a la sesión de las 8, situadas hacia la mitad de la sala. Se apagaron las luces y en la gran pantalla comenzó la historia, y creo que desde el primer fotograma me quedé prendida y prendada de aquel profesor que provocaba una fascinación especial en su modo de andar, de sonreír y hasta de enfadarse. Y llegó Lulú con su canción "To Sir with love”; y el final...y yo seguía pegada a la butaca esperando que continuase.  

Ignoro que me sucedió con aquella película, ya que sentía la necesidad de volver a verla, lo que hice al día siguiente sin contar con nadie y sacándolo de mis paupérrimos ahorros. Era como si no hubiese acabado de soñar antes de despertarme. Volví a recrearme con el contenido y el continente. No sé por qué, pero me sentía identificada con una parte de aquella juventud que también era la mía; años rebeldes con o sin justificación,  pero con unas ganas infinitas de cambiar una sociedad que se nos había quedado un tanto obsoleta. Hablaban de inconformismo, de libertad responsable, pero más que nada proyectaban un lema especial, la madurez de pensar por sí mismos, un privilegio del ser humano que utiliza en contadas ocasiones y que siempre fue para mí una especie de santo y seña: piensa bien o mal, pero piénsalo tú. 

Sidney Poitier (Mark Thackeray) era sin duda el eje subyugante de aquella trama, pero estaban además la mencionada Lulú como Barbara Pegg, o la encantadora Judy Geeson, encarnando el papel de Pamela Dare; y como no, el subversivo Christian Roberts como Denham...además de un largo y magnífico elenco, dirigido por James Clavell.

Soñé durante días con aquel film que tan hondo había calado en mi; compré el disco de Lulú con el tema principal de la película; un single de 45 rpm; y aún hoy, y después de haberla vuelto a ver en televisión en más de una ocasión, y escuchado esa música infinitas veces, sigo reencontrándome con aquella adolescente pegada a la butaca del cine Coliseum de Santander como si fuera la primera vez. Algo se había quedado adherido en el córtex de mi memoria, donde concurren una serie de percepciones difíciles de explicar.

Lo cierto es que a partir de entonces  no dejé pasar ninguna de las cintas protagonizadas por este gran actor; un ejemplo de trabajo, talento e integridad.

Sin duda 1967 el mismo de Rebelión en las aulas, fue un año de una cosecha magnífica con títulos como: "En el calor de la noche" (1967), o “Adivina quién viene a cenar esta noche” (1967), una trilogía que le alzó definitivamente al emporio de la cinematografía mundial, pese a los más de veinte títulos precedentes, y el primer Óscar concedido a un actor afro americano en 1963, por Los lirios del valle.

Ahora que nos dejó, (1927-2022) se agolpan en mi infinidad de recuerdos sobre una vida como la suya, marcada por el compromiso y la fidelidad de sus ideas. 

Embajador vitalicio de Bahamas en Japón desde 1997, recibió en el 2002 el Oscar honorífico por su trayectoria.

Escribió dos libros autobiográficos, This Life (1980) y The Measure of a Man: A Spiritual Autobiography (2000); y su existencia fue lo suficientemente larga como para  podernos dejar un legado inolvidable tanto a las generaciones futuras como a las precedentes;  además de la remembranza para quienes en tiempo real tuvimos la suerte de vivirlo.

María del Carmen Gago Florenti es miembro de honor de la Unión Nacional de Escritores de España.