Raquel Villanueva Lorca
En
la mesa te miro sin que te des cuenta. Esa forma animal, salvaje diría yo, de
coger el gran trozo de carne, de llevarlo a tu boca y morderlo ávidamente y
seguir el cauce del reguero sanguinolento que resbala por tu barbilla. Esa
forma obscena de chuparte los dedos. No conoces la palabra mesura y te
transformas en una metáfora de la más excitante gula.
En
la mesa te miro sin que te des cuenta. Esa languidez a la hora de sujetar los
cubiertos, como si tuvieran un peso excesivo para tus delicadas manos. Pinchas
un trozo de lechuga del bol de la sempiterna ensalada y lo masticas con
fruición, como si ese insípido pedazo verde sin aliño fuera a devolverte el
sabor de la vida.
Te
miro, lleno de nostalgia de la carnívora.
Te
miro, hastiado, cansado, aburrido de la vegana.
Pero
el tiempo, ni retrocede ni se detiene…
