Alberto Morate
(No te andes por las ramas)
Un nutrido grupo de gente de toda condición y variada, van de un lado
para otro, trajinando, cada uno con herramientas y diferentes aparejos en las
manos, y se afanan en, lo que parece ser, montar una carpa.
Suena una música apropiada. Por ejemplo, la canción central de la
película 8 y medio de Fellini.
Aunando esfuerzos consiguen, por fin, dejarla levantada.
El Maestro de Ceremonias, don Celedón, los convoca a todos, los llama:
CELEDÓN.- ¡Gracias, amigos! Ya está instalada La Carpa. ¡La Gran Carpa!, de este nuestro Circo itinerante, ¡el Circo del Sauce llorón!, que de llorón no tiene nada. No te andes por las ramas. Aquí estaremos durante los días que hagan falta, haciendo las delicias de espectadores y participantes, de niños y mayores, de chicas y mozalbetes, de espíritus y mortales. Tenemos que estar preparados. Tenemos que tener el ánimo en alza. La preparación necesaria para no sufrir lesiones ni contratiempos, la ilusión, las ganas, el humor, la alegría, la confianza. Tenemos que mantener el equilibrio, la concentración necesaria. Comunicarnos y ser amigos, ayudar a quien le hace falta. Y debemos hacerlo con esfuerzo y con sudor, pero sin lágrimas. Satisfechos de nosotros mismos, orgullosos de compartir nuestras habilidades, sentimientos y esperanzas.
O sea que, preparados todos, el circo ya llega a nuestras almas. Todos a prepararse, a maquillaje, a dar todo el arte con ganas. Iré presentando a cada uno con la emoción necesaria. Esperamos que lo disfruten y si es así, nos aplaudan. ¡Gracias!
Se inicia entonces un pasacalle tremendo donde suenan los tambores con
estruendo. Todos cantan y bailan, todos saltan sin esfuerzo.
Gritan, cantan y bailan. Hacen piruetas mágicas. Tocan la trompeta,
vuelan el diábolo, echan fuego por la boca (imaginario) y saltan desde el
trapecio como cabras.
CELEDÓN.- ¡Damas y caballeros!, ¡Monsieres y madamas!, ¡Mujeres y hombres! ¡Féminas y varones!, gente de toda condición varia, atentos a este espectáculo que no los hay donde los haya, único en el mundo, ¡Circo de los Cinco continentes!, ¡Circo de los cinco dedos!, ¡Circo circundante de la cuadratura del círculo!, ¡Circo de Circo letras!, ¡Circo de cinco vocales!, ¡Circo del Sauce Llorón!, que es un circo con mucha marcha.
En primer lugar, pasaré a presentarles a los artífices de tamaña y espectacular compañía circense en casa.
¡Los malabaristas!, de rompe y rasga, su trabajo realizado con determinación y con constancia, lanzan pelotas al aire, juegan con la distancia en sus manos, desafían la gravedad y así se salvan.
(Y salen los malabaristas, que asombran con eficacia)
Un aplauso para ellos que les
alimenta el alma. (Incita a aplaudir)
Les siguen, con máximo esfuerzo, los contorsionistas de su propio cuerpo, los que se hacen nudos y ablandan los huesos, son flexibles y elásticos, cuerpos de chicle y goma, que se estiran y se achican como una serpiente en una rama.
(Y los contorsionistas hacen piruetas extrañas como si se les fuera a
romper los huesos pero mantienen intacta el alma. Sin embargo, en uno de esos
requiebros imposibles de brazos y piernas dos contorsionistas se quedan
entrelazados sin poder deshacer el nudo que los ata)
CONTORSIONISTA 1.- ¡Socorro, socorro!
CONTORSIONISTA 2.- ¡Que alguien deshaga este nudo!, que parece un nudo de corbata.
(Y mientras acuden en su ayuda y sin decir nada, sale un grupo de
bailarinas a amenizar la velada. Bailan y bailan y suena una música de
fanfarria. Hacen con su bello ritmo un número de mágico movimiento,
coordinación y casi alas)
CELEDÓN.- (Una vez que acaban las bailarinas) Bien, solucionado el embrollo, acaban ustedes, querido público, de presenciar la coreografía de este Circo de Circo con la empatía de estas simpáticas muchachas. Un aplauso para ellas, que ya se van en volandas.
¡Y con ustedes!, venido desde más allá de los confines de la tierra, desde el precipicio de la vida, desde el abismo insondable de la esperanza…. ¡El equilibrista! El equilibrista sobre el alambre de la confianza.
(Un delgado personaje coloca en el suelo un largo alambre y con gran
destreza y maña, va pisando poco a poco procurando no caerse ni hacerse daño ni
nada. Lentamente, paso a paso, traspasa el fino hilo incluso cerrando los ojos
y sin ver nada. Terminado su recorrido, el maestro de ceremonias le abraza)
CELEDÓN.- Hemos estado sin respirar ni tomar aire, viendo el peligro que corría este gran personaje en el equilibrio de la mañana. De la misma forma arriesgada que llegan los trapecistas, en sus columpios y rampas.
(Y sobre columpios que arrastran, los trapecistas, sin mediar palabra,
se lanzan al vacío, pero uno al otro se agarran, se cogen de los brazos, de las
piernas, muestran entre ellos una gran confianza)
CELEDÓN.- ¡Bravo por estos muchachos, que confían uno en el otro y solo con la mirada se comunican y se hablan! ¡Ole por ellos, aplaudamos con ganas!
(Sin apenas hacerse notar y desde el público, un mimo ha entrado en la
pista. Lleva la cara blanca. Lleva la sonrisa dibujada. Lleva un sombrero hongo
o una chistera vieja y gastada. En la camisera de rayas lleva una flor ajada.
Saluda a los espectadores, les imita, les hace burla sin decirles nada. Y
cuando va a salir realmente a pista, se choca con una pared imaginaria. La toca
y la palpa. Su rostro muestra primero asombro, después angustia y poca calma.
Por fin, y sin hacer nada, cuando está a punto de llorar, vuelve a apoyarse y
cae estrepitosamente en la calzada. Pero se repone rápido, se sacude el polvo y
pide con gestos y sin habla, a los espectadores que le imiten y hagan lo mismo
que él haga. Así durante un rato, todo el público hace los mismos gestos de
tirar de una soga imaginaria, de ordeñar una vaca, de coger un gran peso o de
comerse un helado que resbala)
CELEDÓN.- ¡Gracias, Marcelo! Nuestro mimo, que hará que sin hablar, pensemos en lo que nos pasa.
Y ahora… (pero se ve interrumpido por dos o tres payasos que salen cantando y
gritando de manera desacompasada)
PAYASO 1.- ¿Cómo están ustedeeeeeeeees?
PAYASO 2.- ¡No les oigo! Más fuerte, ¿cómo están ustedeeeeeeeeees?
(Así varias veces hasta desgañitarse. Después empiezan un juego donde
dividen al público en tres sectores. Y les piden a cada parte que hagan un
sonido o den una, dos o tres palmadas, un instrumento musical o lo que se le
ocurra al personal de la casa. La intención es formar una pequeña orquesta
improvisada, pero todo sale tan mal que entre ellos discuten y se dan de
bofetadas, haciendo reír al público porque se ve que son solo tomas falsas)
CELEDÓN.- ¡Ah, qué sería del circo sin los payasos del alma! El augusto y el de la cara blanca. La esencia viva del circo, el número que todos esperan con alegría y ganas.
Pero, ¡atención!, no todo es movimiento en este circo que hoy nos acompaña, también tenemos música, de la buena y de la celestial, de todos los lugares y de todas las razas.
(Y una orquesta totalmente equipada, ejecuta con ritmo y armonía los
compases de diversas canciones y tonadas. Ritmos de África y de Asia, de
América y de España, clásica, jazz y baladas, y sin alguien se atreviera a
cantar, también puede ser una buena práctica)
(Celedón, como siempre, al terminar pide un aplauso a la grada)
CELEDÓN.- Bueno, amigos, esto parece que se acaba, pero no. Queda un número que pondrá el broche final a este espectáculo sin igual de traer el circo a casa. ¡Con todos ustedes, venido desde los confines de la tierra, de las nubes que se disipan y forman tormentas, con una chistera y una capa, con su varita mágica, con la ilusión del prestidigitador, y el misterio de lo que no tiene explicación, ¡el mago de la amistad sin tasa!
(Y, como por arte de magia, aparece de no se sabe dónde, un mago con
sus cartas. Con su mesita y su ayudante si hace falta. Nos hará varios trucos
de magia, hará desaparecer cosas y casas, hará levitar las almas, y nos
sorprenderá adivinando lo que pasa. Cuando acaba Celedón vuelve a la carga)
CELEDÓN.- ¡Ay, pero esto realmente, no es el final, sino el principio, amigos! Acabáis de ingresar en el Circo de los Circos, en el Circo sin carpa, en el Circo del Sauce Llorón, ¡bendito seas, sauce llorón, porque vives de tu tristeza, te riegas con tus propias lágrimas, ser alegre para ti es condena. Torna tu llanto en carcajadas. No os andéis por las ramas. Conviviremos con esta magia, la de la amistad, la del conocernos, la de la ilusión, la armonía, la alegría. ¡Compra ya tus entradas! Este es un Circo de confianza e interioridad, de descanso y actividades, de equilibrio y comunicación, de esfuerzo y diversión, de constancia. Vamos, por tanto, a participar en un espectáculo de irrepetible eficacia. Y lo mejor es que hagamos un pasacalle, anunciando nuestra llegada. Preparando nuestras almas, colaborando, registrando cada sonrisa en nuestro corazón, en nuestro recuerdo y en nuestras emociones, para poder revivirlo mañana.
¡Contemos hasta Circo! Y demos por inaugurado un periodo de paz, sin guerras ni batallas.
¡Uno, dos, tres, cuatro y CIRCOOOOOOOO! ¡A bailar, que ya está haciendo falta! ¡Y muchas GRACIAAAAAAAAS!
(Y todos los implicados salen a animar a los espectadores que estaban
sentados en las gradas).
