Ana María Reyes Cano
«¡Asquerosa,
sinvergüenza! Si cuando naciste te hubiéramos clavado en la pared, ahora
estarías mejor enseñada.»
Sí, eso es lo que tendrían que haber hecho, clavarla en la pared como se pincha una mariposa con un alfiler para apresar su belleza e impedir que vuele. Sí, eso tendrían que haber hecho, y enseñarla luego a las visitas con su vestido nuevo de organdí: «Qué niña tan formalita» ¾dirían todos¾ y los papás orgullosos tendrían que pasar la fregona para recoger las babas. Sí, clavadita en la pared, sólo por la noche se la puede desclavar un poco, para que duerma, y si no que aprenda a dormir de pie, como los pájaros. «¡Para qué vas a salir!, ¡para qué vas a mancharte con la vida! Es mejor quedarte así, sonriendo sin pensar, con los labios pintados de carmín». Aunque sería una pena que una niña tan mona no tuviera más muñequitas, así que hay que buscarle un marido de posición que la tenga como un
a reina, porque las muñecas bien no deben salir a trabajar, tienen que estar siempre clavaditas en la pared con sus muñequitas guapas adornando el salón.
Relato ganador del Premio Literaula-Casa del Pueblo 2024
Ana María Reyes Cano es miembro de la Unión Nacional de Escritores de España.
