A Antonio Gala
Vino el amor y se quedó en La Zubia
durante todo un libro enamorado.
Vino el amor y se posó a mi lado
como se posa en el rosal la lluvia.
Vino y fue sol en la mañana rubia,
fue espiga de trigal en el sembrado,
en el papel en blanco fue dictado
y en los endecasílabos fue gubia.
Fue mío en fin, como si todo un río
se hubiese hecho en mi boca trago, arrullo,
regalo. Fue el amor, fue mi albedrío,
fue ayer. Hoy me ha quedado su murmullo,
su son, su verso. Y aunque ya no es mío,
lo cierto es que yo sigo siendo suyo.
Daniel Cotta Lobato
