Kiko Cabanillas
Paseaba por Calcuta hace treinta años y el deterioro de personas y paisajes urbanos -chabolas miserables- destruían mi ser. Pero pronto comprendí cual era la solución: Dar amor sin esperar nada a cambio. No por el hecho de lograr una receptividad amorosa, sino simplemente por el hecho de vaciarse dando. Me encantaba besar en el rostro a los niños y las manos a los mayores. Para ellos era como si dios hubiese bajado de cielo y se fijase amorosamente de ellos. Si bien muchos se quedaban patidifusos, otros se desencajaban.
Mi acto amoroso mas intenso lo tuve con la que bautizaría como “Sunita Baby”, una niña cuya mierda escondía los ojos más timidos y luminosos que ha visto en mi vida. Nosotros éramos como dioses que bajaban del mundo de los ricos para besar y hablar con las personitas que no eran tales, sino individuos sin derechos ni libertades.
Nuestras ropas de multimillonarios, nuestros cuerpos con claro sobrepeso.
Y yo como poeta atribulado pensé: Sois personas como yo. Haceros valer como tales. Pero vivían en un drama tal que se reducía sólo por el hecho de que nunca habían conocido otra realidad. Lo que para nosotros eran unas tasas de mortalidad infantil escandalosas, para ellos eran el pan nuestro de cada día. Les protegía la falta de educación, pues ésta proporciona criterio y la posibilidad de establecer analogías. Y con ello el horror. Pero no nos tenían envidia, simplemente vivían en otro mundo. En el cual unos dioses habían bajado del cielo para hacerles carantoñas a los animales sucios del inframundo.
Pero insisto la clave de la felicidad y de la supervivencia era darse sin contemplaciones, sin esperar nada a cambio.
Pero yo como poeta pensé: “Casaté conmigo “Sunita Baby” y te rescataré de la miseria. Y tu espíritu -mucho mayor que el nuestro- alcanzará en breve la mayoría de edad y nos casaremos. Yo te daré todo lo material necesario para vivir con dignidad. Y tu me darás tu alma, que parece alimentarse de la podredumbre pero que alcanza alturas espirituales que rozan la divinidad.
Kiko Cabanillas, escritor y periodista, está galardonado con la Medalla de San Isidoro de Sevilla de la Unión Nacional de Escritores de España.
