De repente

 

Alberto Morate

De repente, un escritor te motiva para que escribas. Cuenta las cosas de tal manera, que dices, que piensas, más bien, (porque nadie te escucha y tú no hablas en voz alta, al menos, no siempre), es que esto es así, ¡qué poco observadores somos!, y ¡qué poca cuenta nos damos de lo que ocurre a nuestro alrededor!

Y ese escritor, y ahora tú, que, de repente, te has convertido en escritor, porque escribes, ¿quién puede decir que no lo eres?, y quieres contarlo todo. Casi todo. Lo que puedas.

Pero, te das cuenta de que es imposible, de que todo no se puede contar.

Hay que dejarlo a la imaginación, que los (posibles) lectores se hagan su composición de lugar, de los hechos, de lo que ocurre, de los personajes, si los hubiera, de los sentimientos que, seguro que los hay, y corran, o se sienten, mejor que se sienten, a coger un cuaderno, un folio, un trozo de papel, para escribir lo que yo, en este momento, les estoy sugiriendo.

Y, a su vez, después, cuando lo hayan publicado en algún sitio, aunque solo sea en eso que se llama “facebook”, otro aprendiz de escritor, o iniciado, o de repente, haya sentido ese impulso, y a su vez, originen un deseo de que alguien se ponga a escribir porque les ha retrotraído a hechos pasados, a su infancia, a sus recuerdos, a su imaginación, y se despierten aquellas sensaciones que estaban dormidas, latentes, agazapadas, desconocidas,

y, por otro lado, les entren las dudas, y se digan así mismos, en voz baja, claro, y ¡a quién le van a importar mis sensaciones!; pero no es eso, es soltarlas, y es desprenderse de ese “de repente”, y me vi en la necesidad de hacerlo, de escribirlo.

Y por eso estás leyendo tú esto ahora, porque un escritor, mientras yo leía, me ha motivado, me ha incentivado a escribir para que tú, a tu vez, escribas luego, ahora, siempre,

y esto se convierta en una especie de cadena de favores, o solamente de vía de escape, de expresión necesaria, porque, realmente, no sabes si alguien te va a leer, o a la quinta línea, o a la décima, quién sabe, en los primeros versos, ha dejado el relato, el poema, el escrito a medias y se ha dicho a sí mismo, esto es una bazofia, esto no motiva a nadie, ¿quién se ha creído este quién es?, o ni siquiera piense eso, solamente lo deja, y punto, adiós, muy buenas.

Puede que sea eso.

Porque ¿saben lo que pasa?, me asombra la seguridad que tienen algunos para todo, yo siempre dudo de todo.

Bueno, voy a seguir leyendo. Buen día.