Doina Guriţă, poemas



Cuando era una niña

Cuando era una niña, tenía mi vivir

y cada mañana

salía hacia el nogal a toda prisa,

temprano, al amanecer,

a ver como mi madre y mi padre

estaban contemplando el apacible cielo

y todo estaba bien. ¡Estaba allí mi madre!

 

Mandaba después mi beso

hacia el este, donde el río Prut...

Rebosante de anhelos y amor a la vida

la luz me iluminaba el semblante

y me bañaba en el fruto de la vid.

Mis padres me llevaban bordada en sus camisas,

había un aroma a jazmín.

 

Y cuando arriba, en el nogal leía un libro,

viajaba milagrosamente y a lo lejos

me recibían héroes de cuentos

y yo asumía el papel del juego.

Mi madre me llamaba de regreso a casa:

"¡Querida niña, ven, ya está la mesa!"

Todo aquello parecía un sueño. La eternidad.

 

¡Oh, viejo nogal del viñedo,

fuiste mi buen compañero!

Testigo de calladas aflicciones...

Cuando acudí a ti, pues me dolía

la ausencia de mi padre, de mi madre...

Me apoyé en ti entonces

y me abrazaste, buen anciano.

 

Oh, qué no daría por estar ahora en mi pueblo

para trepar aquel nogal que me llevó

en sus brazos de amigo y buen consejero...

Ver cómo me esperan mis antepasados,

creer como una niña en la vida,

y que no penda todo de un hilo.


Poema blanco

Supera lo posible

tender sobre el cielo otro cielo

y del tesón apenas quedan olvidadas sombras

el eco se ha desvanecido.

Sueña, sí,

sueña más profundo con el eco de la última nevada

cuando

el viento que la aplastó resucitó una hoja.

Abandono del silencio,

silencio indignado,

cuando la melancolía de la lluvia

invita al pájaro

a adentrarse

en la soledad

del árbol.

¡Cuán firmes son los continentes cuando

la huella del antaño

florece en los estudios de los sabios esperando

a que la lava nade!

Ahora en este instante

confuso parece todo.

Lo oculto vigila

peldaños que llevan hacia alguna parte.


Versos de arrepentimiento

De recuerdos tejí un anhelo

De sueños llené el candil

De flores azules que nunca mueren

Con lágrimas, miles, lavé mi pasión.

 

A mi padre

Padre, querido padre,

tu cabello blanco como la espesa nieve

acariciaba la palma de mi mano

cuando con amor de niña

yo buscaba inocente...

 

Buscaba en tu cielo

nuevos, más nuevos mandamientos de la vida...

Reías con hoyuelos en la mejilla

y me decías que huyera del mal

y obedeciera a Dios...

 

Padre, tu cabello, padre,

dejó huellas en la palma de mi mano...

¡Oh, si hoy recibiera tus afrentas!

Pienso en ti, santo

y en tus sabias palabras.


A mi madre

Te vi junto a mi estrella,

desde el carro de luceros de mi padre

sonreías

hacia la Vía Láctea de la que me diste beber.

De ti, de tu alma de diosa,

lágrimas

caían del mar de tus ojos verde-marrón

en la distancia que nos acerca en la noche.

Un cielo

para ti, madre, demasiado poco

del infinito del amor a la vida,

ahora más que en aquel instante en el que

me separaste de ti, por el amor al cielo.

 

Sabiduría gratis

En la sonrisa de un tierno niño

con ojos tan profundos como el mar,

un ángel encontró un hogar.

 

En el amanecer de una primavera

con sus fragantes flores

consiste el remedio de todo dolor.

 

En el candil junto al icono

con su frágil parpadeo,

la paz se posa como un misterio.

 

En la arruga de una frente,

por sol, angustia, penas o trabajo,

encuentras las respuestas de la vida.

 

Tú, hombre, en ti mismo habitas

buscando el sentido de la vida

para encontrar sabiduría.

 

En el candil junto al icono

con su frágil parpadeo,

la paz se posa como un misterio.


Luz de Damasco

Atravieso caminos sembrados de espinas,

Vuelvo de la tierra que mana leche y miel,

Regreso en lágrimas, entre extraños

Para limpiar mi abismo de amargura.

 

La sangre fluye por las sendas de mi andar,

La tierra la consume con sed enfermiza,

Las espinas del camino parecen espadas,

Náufrago me siento aunque me halle en tierra firme.

 

De pronto la luz de Damasco alumbra la arena,

El céfiro esparce aloe, mirra y vino sobre mis heridas.

El aguijón quitado desencadena el tiempo

Y empiezo a vislumbrar las fronteras del cielo.

 

Mis rodillas penetran en la lápida quemada,

Cavando con el hueso, nuevas tumbas.

Y grito hacia el cielo: "¡Quiero estar en la mesa,

En la Santa Cena contigo, Padre!

 

Luceros brotarán

Iluminemos

nuestras almas cargadas de pecados

con velas congeladas.

Pavimentemos los senderos

de nuestras propias incomprensiones,

con lirios y gotas de nardo.

Que las lágrimas se transformen

en polvo de estrellas,

y el suspiro

en el canto de los ruiseñores.

Entonces en nosotros

nacerán luceros...

 

Noche de invierno

Chispas de agua, pasando a través de fríos pasados,

Descienden de los cielos, en invisibles cuerdas.

Se extienden, estrella tras estrella, sobre deseos silenciosos.

Todo es sueño, lo inolvidable es mudo.

Se mecen vendavales en brazos de montículos de nieve,

Y las estrellas descienden en un páramo de prados.

Tú me vigilas en el ocaso de los poemas.

Mi pensamiento está mudo, mi sueño gime.

Despojando mi dolor en rincones ingenuos,

Recojo recuerdos de rincones remotos.

En la noche de invierno y vigilia,

La oración es un aullido, la cruz es mi silencio.

 

¿Qué me importa?

¿Qué me importa a mÍ volando en alas,

Cuando todo es poesía, vida y tierra?

¿Buscar manchas en las estrellas y campos de seda,

Donde solo blancos son mis propios huesos?

No me conviene el sueño en gotas de engaño,

Ni la esperanza en las nubes de tu mirada.

Me satisface la mano que tengo entrelazada

Con el vino de esa copa de sueños, interminada.

Todavía tengo una flor en el pecho y una gota de anhelo llevada,

Una semilla de sangre en mis pensamientos, de nadie besada.

Pero quiero que vueles conmigo, hacia el abismo azulado,

Para elevarme a campos de verde paraíso.

 

Al sembrador de estrellas

Al borde de los nenúfares,

De lagos azules,

Pasean luceros.

En el bosque de cobre ,

Hacia la noche de luz,

Una madre suspira.

Acuna su sueño

En brazos de anhelos,

Rezando a la inmensidad:

 

"¿Cómo abraza

El aire, al pasar,

Una estrella que se esconde?"

 

"Mira hacia arriba

Aquel que cree:

¿Es una estrella que se ha puesto?

 

Pasará por los cielos,

Mil años,

De luz y tiempos."

 

La madre se santigua

Y esconde en su corazón

Un grano de luz.

 

Doina Guriţă es delegada permanente de la Unión Nacional de Escritores de España para las Relaciones con Rumanía.