Egeria, escritora "peregrinatio ad loca sancta"

 

“Egeria ha de colocarse con todo derecho al frente de las escritoras españolas”.

“Historia de España” Menéndez Pidal

A modo de introducción y, para ponernos en situación temporal, podemos afirmar sin equivocarnos que, Egeria fue la segunda, porque la primera peregrina mujer de la historia que, por “ Amore Dei”, hizo la “peregrinatio” a Tierra Santa fue la misma Santa Helena, madre del Emperador Constantino el Grande, la que encontró la Cruz de Cristo, y no, (para los cortos de mente), no es que una mujer de más de 70 años se puso a excavar con sus manos, ya se sabía que, en la invasión romana, tras la destrucción del Templo de Jerusalén,  cubrieron con tierra el Gólgota y las canteras donde se excavaron las tumbas y, sobre ellas se había construido un monumento a la Diosa Venus, con lo que se explica que, los cristianos ya sabían dónde buscar.

“Desde la época de Adriano hasta el reinado de Constantino —un período de unos ciento ochenta años—, el lugar que presenció la resurrección estuvo ocupado por una figura de Júpiter; mientras que sobre la roca donde se alzaba la cruz, los paganos erigieron una estatua de mármol de Venus, que se convirtió en objeto de culto. De hecho, los primeros perseguidores supusieron que, al profanar nuestros lugares sagrados, nos privarían de nuestra fe en la pasión y la resurrección”. Padres de la Iglesia. Carta a Paulino de S. Jerónimo. 58.3

Recordemos que, Juan el Teólogo en el siglo IV, habló en su Tratado sobre la Dormición de María, que, ésta y luego apóstoles y otros seguidores y fieles, ya iban a orar allí, pese a la prohibición del ejército romano.   Tras las excavaciones encontraron la piedra del sepulcro y la roca del Gólgota, con forma de cráneo, llamado en latín Calvario, dónde también ordenó excavar y el lugar dónde encontraron las tres cruces.

“Cuando la santísima y gloriosa Madre de Dios y siempre virgen María iba, según su costumbre, cabe el sepulcro del Señor para quemar aromas y doblaba sus santas rodillas, solía suplicar a Cristo, hijo suyo y Dios nuestro, que se dignara venir hacia sí…” Libro de San Juan Evangelista (El Teólogo)

Esta costumbre, en la clandestinidad la siguieron haciendo los cristianos, simplemente Helena supervisó los trabajos y los dirigió, a la madre de Constantino, la acompañaban arqueólogos y, con la ayuda del Obispo Macario quien recibió instrucciones precisas del Emperador de obedecer a su madre y buscar los mejores materiales para la construcción y ornato, Helena tenía plenos poderes y acceso al tesoro Real, según Eusebio.

Elena a la que su hijo la nombró Augusta, es decir, que tenía categoría de Emperatriz, ordenó construir la Basílica del Santo Sepulcro, una iglesia en el Monte de los Olivos y la de Belen, en Egipto ordenó crear un monasterio para custodiar la Zarza ardiente, el Monasterio de Santa Catalina del Monte Sinaí.

Asimismo, la fama de Helena Augusta, y su peregrinación con los maravillosos hallazgos, trascendió pronto por todo el Imperio, por el extraordinario hecho de que, precisamente la Madre del Emperador de avanzada edad, se aventurara a esta Peregrinación para venerar los Santos Lugares, es decir, alimentó la curiosidad y el deseo de hacer lo mismo e igualar su hazaña, no solo en hombres, lo que era más corriente, sino en mujeres del Imperio, sobre todo de la Galia y de Hispania.

Lo que si fue Egeria la Primera Mujer Cronista que relató de su puño y letra el Primer Libro de Viajes, el suyo propio, hubo más mujeres peregrinas en Hispania, pero voy a empezar por la primera.

En el año 381, 50 años después de que Santa Elena descubriera la Cruz de Cristo, una mujer decide emprender un viaje a Tierra Santa.

Al manuscrito le faltan páginas al principio y al final, por lo que no podemos saber dónde comenzó y terminó su viaje, la última fecha es junio del año 384, pero debió comenzar su viaje entre finales del 381 y principios del año 382 dado que un viaje de esas características duraría tres años al menos, ya que nos han llegado dos partes, la propia narración del viaje y los lugares que visitó, y, en la otra parte una extensa crónica de cómo se realizaba la Liturgia en Jerusalén.

En 1883 un erudito italiano, Gian Francesco Gamurrini, director de la Biblioteca de la “Fraternitá dei Laici”, descubre durante sus investigaciones en dicha Biblioteca,  un manuscrito que contenía el relato de un viaje, un códice en latín, el “Codex Aretinus (405”); parece demostrado que procedía de la Abadía de Montecasino, fundada por Benito de Nursia en el 480,  y dónde se había custodiado hasta el siglo XVI, ya que se habla de él en un inventario de 1532, concretamente la reseña refiere un “códice cuya primera palabra era abatisse”; al mismo le faltaban hojas al principio y al final, lo que ponían en duda sobre quien sería la autora, y la fecha del mismo, así como el motivo del viaje.

Tendremos que esperar 100 años para disipar la duda, en efe”, trasfilólogo francés Marius Férotin en 1903, descubre que, en el año 680, un monje gallego, Valerio del Bierzo, había escrito una ” Epistola beatissime Egerie laude conscripta fratrum  Bergidensium  monachorum a Valerio conlata ”,   sobre lo que se ha dado en llamar latín vulgar, “la Peregrinatio o Itinerarium Egeriae”,  tras otras investigaciones disipa las dudas y se atribuye definitivamente  a Egeria o Etheria, el códice hallado por Gian Francesco Gamurrini.

Hay que aclarar que Valerio de El Bierzo, que escribió la Epistula 300 años después del Itinerarium, evidentemente, conocía de las cartas que Egeria escribió a sus “sorores”, por lo que, o bien hay un ejemplar perdido entre legajos antiguos, en España, o se perdió en los diferentes desastres y expolios, de cualquier forma, poseía un ejemplar más completo y detallado del que se conoce actualmente.

Valerio del Bierzo, era un asceta que casi siempre habitó los mismos lugares de la Gallaecia antigua, mucho más extensa que la Galicia actual, era originario según él “Ego indignissimus peccator Asturiensis Prouintia indigena” “Yo, muy indigno pecador originario de la Provincia Asturiense”, y, se sospecha que vivió la mayor parte de su vida en el Monasterio de San Pedro de Montes.

La personalidad que nos transmite Egeria es la de una mujer no mayor, entre 35 a 45, de carácter ágil y de  gran fortaleza, independiente económicamente, y, parece ser de estirpe de poder,  pues ella misma dirige su itinerario, y, los monjes o sacerdotes la reciben con gran respeto,   muy culta, hablaba latín y griego, lo que significa que tuvo una educación elevada, el latín aunque fuera con modismos locales, era en la época la lengua que se hablaba por las élites en todo el Imperio, asimismo poseía una  gran determinación  y una curiosidad innata según nos dice ella misma en su relato, una mujer de mucha espiritualidad, que no dudó en dejar su Gallaecia, su comunidad y sus compañeras o “sorores” y emprender tamaña aventura; con un gran conocimiento tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento y, sobre el movimiento eremítico de toda Tierra Santa,   como guía de viajes se acompañó por la Biblia , para localizar y  explorar los lugares relatados en los textos sagrados , y, curiosamente seguir  la liturgia apropiada en cada lugar y en cada momento del año, la única mujer que relató su viaje, creando su propio género literario.

Hay que decir que, aunque no existían los conventos cómo tales, si, movimientos de ascetismo, es decir mujeres entregadas a Cristo y que se reunían en alguna casa con condiciones para ello, viudas o solteras, de las cuales la más formadas hacía de maestra y el resto aprendían, en otras ocasiones eran dirigidos por un monje o asceta, entre ellas se llamaban sorores, quizá por eso ha existido la confusión de  si Egeria era monja o no, bueno, son los inicios del monacato femenino.

No es que no hayan trascendido otros escritos, pero, son de mujeres a hombres o de hombres a mujeres o sobre mujeres, pero ninguno de mujeres sobre ellas mismas y su cotidianidad o vida, sólo en de Egeria, por eso es tan extraordinario para la época que le tocó vivir.

Contra la historiografía oficial, en la que se constataba que las mujeres solían ser más bien analfabetas, sin formación, voluntad o poder para actuar, cada día se descubren más evidencias de que no era así, pues, tomemos conciencia, de que las mujeres cristianas, leían las escrituras, eran las que se las  enseñaban a sus hijos, es decir, las educadoras,  esto las de clase humilde.

Las  de un estrato superior o familiares de los hombres poderosos, solían recibir una esmerada educación, no solo en religión, sino en las artes del trívium y el quatribium,  además,  las mater romanas  eran  admiradas por su magisterio a la hora de administrar hogares, negocios o tierras, y,  no olvidemos Hispania era la Principal Provincia de Roma, es habitual ya descubrir que,  la arqueología está demostrando que, las mujeres hispano romanas,  tenían más poder, solteras, casadas o viudas  y eran más dueñas de su destino y patrimonio, de lo que nos han descrito.

Y que las mujeres de los siglos III, IV y posteriores, “participaron de manera activa en la construcción identitaria, social, cultural e incluso jurídica de su territorio”, lo afirma Román Rodríguez, en la presentación del documental “La mujer romana en la Gallaecia”.

Incluso, hasta el Concilio de Elvira la mujer de estratos altos de la sociedad, eran las encargadas de predicar las Escrituras por todo el Imperio.

De todo ello se deduce que, Egeria pudo pertenecer a una familia ilustre y reconocida, se sospecha que pudiera estar emparentada con la mujer de Teodosio el Grande, emperador romano  nacido en Cauca (Coca, Segovia) su esposa  Facila, también de la Gallaecia, se casó con Teodosio en  Cauca, aunque luego se fueron a Constantinopla, y, a causa de estas condiciones las teorías apuntan a que, era una mujer aristócrata, soltera o viuda sin hijos, y, seguramente miembro de una comunidad de mujeres célibes que convivían en  algo parecido a un régimen conventual, aunque en esa época aún no existían los conventos como tales.

Esto explica  por ello que, su itinerario fue recorrido por rutas oficiales y protegidas los llamados “cursus públicus”, una red de vías oficiales,  más rápidas y protegidas creadas por el Emperador Augusto para mensajerías y correos, era una red Oficial del Imperio sólo legislaron alzados para gestión del Imperio, es decir, correos , soldados y dirigentes, etc, etc,  era necesario para su uso un Permiso especial o Salvoconducto, llamado “Evectio” emitido por el mismo Emperador, debidamente detallado sobre el motivo del viaje, duración, personas que componían la caravana totalmente nominales, y estaba estrictamente prohibido su falsificación o usurpación, los Emperadoras legislaron  al respecto.

Lo que confirma la importancia de Egeria y su relevancia en la sociedad, su viaje estuvo autorizado y apoyado por el propio Emperador Teodosio, en cada recorrido, de unos 20 km.  estaban jalonados de Mansios o Paradas, dónde se refrescaban caballos y eran lugares de descanso de mensajeros o soldados, tenemos que resaltar que, la peregrina se alojó en la mayoría de las ocasiones en casas de personajes principales, otra señal más que nos indica la importancia de su rango, iba acompañada de “hermanos santos”, es decir monjes, y también custodiada por soldados, lo que ella misma atestigua en su relato.

 “2. Hay, pues, desde Clesma, es decir, desde el Mar Rojo, hasta la ciudad de Arabia, cuatro mansiones a través del desierto, aunque de tal manera que cada una de ellas es un monasterio con soldados y capataces, quienes siempre nos guiaban de castillo en castillo. En ese viaje, pues, los santos que nos acompañaban, es decir, los clérigos o monjes, nos mostraron cada lugar”. Egeria Itinerario parte 1-VII-2

3. Pero ya habíamos enviado de vuelta a los soldados de allí, que nos habían proporcionado ayuda para la disciplina romana, mientras caminábamos por lugares sospechosos; pero ahora, como la tierra era pública a través de Egipto, que pasaba por Arabia, la ciudad, es decir, la que envía desde la Tebaida a Pelusio, ya no era necesario acosar a los soldados…Egeria Itinerario, parte 1-IX-3

La crónica también refleja claramente que esta mujer era recibida con gran solicitud y agrado, no solo por clérigos y monjes, sino también por obispos.

El Monte Sinai y la Montaña De Dios

En la primera parte de su relato, describe su peregrinación hasta el Santo Monte Sinaí, y con gran precisión el valle desde dónde se aprecia, y cómo los guías enseñaban la costumbre de orar en aquel preciso lugar: «Es costumbre que quienes vienen recen aquí, cuando desde ese lugar se ve por primera vez el Monte de Dios».  Donde habitaron los hijos de Israel y dónde Moises ascendió y oró 40 días, el lugar dónde Dios le habló desde la “zarza de fuego”, describe Egeria que ella misma se propuso subir hacia la cumbre, a pesar de que, en cierto punto tuvieron que dejar las cabalgaduras dado lo intrincado del sendero, era pues una mujer con la fortaleza suficiente para llevar a cabo tal caminata.

Describe asimismo que existían varios monasterios en el valle y la gran cortesía con la que la recibían los monjes, que incluso pernoctaron antes de ponerse en marcha el domingo para subir a la cima, siempre acompañando a éstos a sus oraciones habituales.

En la cima había una pequeña iglesia también habitada por un presbítero y un monje, allí volvieron a rezar, asimismo en la propia Cueva donde oró Moises.

Luego de bajar, relata: IV.1. Por lo tanto, habiendo cumplido todo nuestro deseo, con el cual nos habíamos apresurado a ascender, comenzamos a descender desde la misma cima del monte de Dios, al cual habíamos ascendido, a otro monte adyacente, llamado Horeb, pues allí hay una iglesia.

2. Porque este es el lugar de Horeb, donde estuvo el santo profeta Elías, donde huyó del rey Acab, donde Dios le habló, diciendo: «¿Qué haces aquí, Elías?», como está escrito en los libros de los reyes.

Pues la cueva donde se escondió el santo Elías se muestra hoy allí, frente a la puerta de la iglesia que allí se encuentra; también se muestra allí el altar de piedra que el mismo santo Elías erigió para ofrecerlo a Dios

Así describe su llegada al Monasterio que hoy se llama de Santa Catalina:

7. Y así, tras descender del monte de Dios, llegamos a la zarza, quizás a la hora décima. Esta es la zarza que mencioné antes, de la que el Señor habló a Moisés en el fuego, que se encuentra en ese lugar donde hay muchos monasterios y una iglesia en la cabecera del valle. Pero delante de la iglesia hay un jardín muy agradable, con abundante agua excelente, en el cual se encuentra la zarza.

8. También se muestra el lugar cerca de donde se encontraba el santo Moisés cuando Dios le dijo: «Desata la correa de tu sandalia», etc(…)

Pero se rezó en la iglesia y también en el huerto junto a la zarza; el pasaje del libro de Moisés también se leyó (…) disfrutamos de un lugar en el huerto junto a la zarza con los santos, y allí nos alojamos.

Al día siguiente, despertándonos más temprano, pedimos a los sacerdotes que también se pudiera hacer una ofrenda allí, como se hacía.

Cuenta que luego quisieron conocer Enon, dónde San Juan Bautista y, un sacerdote la acompañó hasta la laguna cerca de Salim, dónde había ejercido su magisterio San Juan “un jardín muy plácido y agradable con un riachuelo que formaba una laguna”, según sus palabras, y da cuenta de monasterios allí instalados, tras lo cúal se dirigió por las orillas del Jordán hacia Tisbe, la ciudad del Profeta Elías y la cueva dónde rezó Elías El Tesbita..

 “Allí, por lo tanto, se conserva hasta el día de hoy una cueva donde se sentó el santo hombre, y allí se conserva el recuerdo del santo Geth, cuyo nombre leemos en los libros de los Jueces”.

Continuó su itinerario hacia Cameas para visitar una iglesia en honor del Santo Job, que, aunque inconclusa, tenía su obispo que la recibió con gran deferencia y solicitud a que ofrecieran una ofrenda y darles la comunión y bendecirla antes de su partida hacia Jerusalén, ella misma relata “de la que habíamos salido hacía ya tres años”, y, se disponían a regresar a la Ciudad Santa.

2. “Porque quiero que vuestro afecto me crea, ya que no hay cristiano que no busque allí la gracia de la oración, quienquiera que se haya acercado incluso a los lugares santos, es decir, en Jerusalén; y este pasaje es la vigésimo quinta morada alrededor de Jerusalén.

3. Y como Mesopotamia está más cerca que Antioquía, me fue muy oportuno, por mandato de Dios, que, como yo regresaba a Constantinopla, puesto que el viaje era por Antioquía, fuera desde allí a Mesopotamia, como se hizo por mandato de Dios.”

A partir de aquí relata el viaje de vuelta a Jerusalén dónde quería llegar en la Pascua, visitó La Tebaida, lugar del desierto dónde estaba en pleno auge los eremitas que se aislaban de todos y todo, también pueblos de Siria, Antioquia hacia Mesopotamia y de la provincia de Augustofrast hasta Hierápolis ciudad bella y muy rica en aquel tiempo, en este punto es dónde compara el Eúfrates con el Ródano:

 “2. Por lo tanto, partiendo de Hierápolis, a la milla quince en nombre de Dios, llegué al río Éufrates, del cual está bien escrito que «el gran río Éufrates» es vasto, y, por así decirlo, aterrador; pues fluye con una fuerza como la del río Ródano, solo que el Éufrates es aún mayor.”

En su vuelta hacia Jerusalén, siguió pasando por Batani hasta Edesa, dónde fueron al lugar en que fue martirizado Santo Tomas, y, al santo le honraron de nuevo con ofrendas, lecturas y oraciones, sigue siendo relevante, cómo era recibida y agasajada no sólo por clérigos sino por los mismos obispos.

5. Y como el santo obispo de aquella ciudad, hombre verdaderamente religioso, monje y confesor, me recibió con alegría y me dijo: «Ya que veo que te has esforzado tanto por la religión, hija, que has venido desde tierras lejanas a estos lugares, si quieres, te mostraremos cualquier lugar que a los cristianos les guste ver».

Éste obispo de Edesa fue el que le relató las cartas del Rey Aggar había escrito a Jesús y éste le había respondido… “En algún momento, después de que el rey Aggar había escrito al Señor y el Señor había escrito de vuelta a Aggar a través del mensajero Ananías, como está escrito en la propia carta”

Eulogio, que era el Obispo de Edesa a la sazón, la obsequió con una copia de las cartas, aunque ella reconoce que las tenía en su tierra, naturalmente le sorprendió y agradó el obsequio del Obispo, tras lo cual emprendió de nuevo su viaje de retorno hacia Jerusalén.

No voy a pormenorizar más el itinerario de esta primera parte, que termina con un: “Vosotras, hermanas mías, luz mía, recordadme amablemente, ya sea que viva o muera”, parece muy interesante y de una riqueza exquisita, aunque sencilla y muy fácil de comprender la forma de escribir de esta mujer intrépida, de los albores de la expansión del cristianismo como religión oficial de todo el Imperio Romano,

el relato de la parte segunda del viaje, también impresionante, lo pasaré a ser posible antes de la Semana Santa, me parece de mucho interés, ya que se centra en los ritos y celebraciones de la Pascua y Semana Santa de Jerusalén.

Fuensanta Santos de la Rubia