Ya nadie recuerda nada, nadie. Han pasado años,
muchos años. Tantos como para que, tras el Fin
de los Tiempos, todo comenzase a contar de nuevo. Quién sabe lo que
realmente ocurrió, cualquier recuerdo se pierde más allá de donde llega nuestra
memoria. Dicen algunos, los más atrevidos, que hay pruebas del origen, pero que
han sido ocultadas, que a nadie le debe interesar la verdad si esta no resuelve
nada. Es todo tan extraño que nadie conoce, o al menos no se dice, quién está
al mando de todo. Cuando es necesaria alguna nueva ley, se nos envía directamente
para que seamos conscientes de las nuevas indicaciones. No hay preguntas, no
hay dudas. Realmente son pocos los que buscan un motivo. ¿Para qué? No tiene
importancia preocuparse cuando tienes todo el tiempo por delante. Llegarán
tiempos mejores.
Cuentan que una supernova, cerca de nuestro amado
Sol, acabó con todo. Fue como una muerte lenta y extraña. Se detectó la
explosión con la antelación suficiente. Dicen que incluso se conocía cuándo
llegaría a la Tierra. También que sabían lo que provocaría tanto al clima como
a los seres vivos, pero que no se podía hacer mucho. Al menos es lo que afirman.
Aunque también cuentan algunos que hubo quien huyó en una de las pocas naves que
tenían disponibilidad para llegar hasta la estrella más cercana, Próxima
Centauri. Pero no son más que habladurías que nadie ha conseguido demostrar. Y
si fuera así, ¿por qué abandonarnos a los demás en este, ahora, planeta
inhabitable? La Tierra es ya únicamente un recuerdo de lo que fue. Solo un
triste cuento, eso es lo que es. Desde el espacio se observa como un cuerpo
rocoso, silencioso, con grandes tormentas eléctricas y de polvo que apenas
dejan ver la superficie. En eso nos hemos convertido.
Cada uno de nosotros tenemos una tarea. Día a día
cumplimos con ella, hasta que llega la siguiente. Yo, la verdad, tengo una
enorme suerte. Soy de los más afortunados. Busco seres vivos. Sí, así es, busco
animales o plantas. Sí, vale, existen en los cúmulos y habitáculos artificiales
creados para sacar adelante algunas especies (en realidad podemos considerar ya
todas extintas en lo que respecta a su vida en libertad). Por eso, es tan
importante encontrar algo, aunque sea vida a nivel bacteriológico en los ríos y
mares de la Tierra, ahora contaminados y con una carga radiactiva tan elevada
que los hacen lugares inhóspitos.
Me gusta ir a verlos a esos pequeños mundos burbuja
que hemos creado para ellos. Los miro durante horas. Tenemos monos, perros,
gatos… Pero sabemos que otros, como los grandes felinos o las ballenas, se han
perdido para siempre. Se han intentado reproducir en laboratorio, pero sin un miembro
original es realmente imposible. Ni tan siquiera simulando cadenas de ADN o
ARN. Im-po-si-ble. Lo hemos intentando, solo eso. Fracaso tras fracaso.
Así que eso es lo que yo hago. Camino de un lado a
otro. Viajo, observo con cámaras infrarrojas que serían capaces de detectar seres
microscópicos a más de trescientos metros de distancia, pero hasta ahora no ha
sido posible. No me importa. Tanto los compañeros como yo sabemos que todavía
tenemos tiempo. No hay prisa, solo hay que acertar una vez para darnos cuenta
de lo más importante: todavía hay esperanza.
Hubo una noche, una de esas cerradas en las que
apenas hay visibilidad, que creí haberlo logrado. A lo lejos, no más de medio
kilómetro, algo se movía. Era una sombra pequeña, oscura, rápida. Consulté el
mapa de presencias y ninguno de mis compañeros estaba en aquella zona. Por si
acaso, pedí a la central que rastrease los GPS de todo el valle, pero nadie
estaba en aquel lugar. Al menos nadie de nosotros. Solo fueron unos segundos,
¿tres, cuatro? No sé. Puede que algo más. Pero se perdió. Y desapareció. Se
fue.
Fui tan rápido como pude. Demasiado tarde. Allí solo
había lo de siempre: rocas, piedras de diversos tamaños y polvo, mucho polvo.
Lo demás, un vacío absoluto. Tampoco había nada donde eso, fuera lo que fuera,
pudiera esconderse sin que pudiera verlo. Pero…
No sé, pero siempre me ha quedado la duda. Me
martillea una y otra vez. ¿Y si hubiera estado cerca del gran descubrimiento?
¿Habré fallado? Consulté con algunos otros que trabajan en mi mismo campo.
Pocos han tenido experiencias de este tipo. Somos casi infalibles en nuestro trabajo.
Estamos entrenados para ello. Y si a uno de nosotros nos entra la duda, es más
que fundada. Tan solo dos han asegurado que les ocurrió algo similar, si bien
ninguno dio en su momento el parte oportuno, como estamos obligados; tan solo
yo, por lo que no llego a creérmelo del todo. No estoy diciendo que mientan,
nosotros no mentimos, no podemos. Tan solo digo que es algo, al menos,
discutible.
A veces tengo la impresión de que siempre será así.
Seguiremos cuidando las pocas especies que mantenemos en los hábitats
artificiales protegidos de la radiación exterior, seguiremos buscando vida en
la Tierra, seguiremos intentando contactar con los que quizá se fueron,
seguiremos así, por la eternidad. Buscando, siempre buscando. Es, sin duda,
como si desde el principio de todo supiéramos que nos falta algo, que todo está
incompleto, que hay ausencia de algo que nos haría comprender el conjunto como
un todo conexo, y no inconexo, tal cual se nos muestra ahora. Falta el
engranaje que da sentido al conjunto de la historia, de nuestra historia.
En realidad, aquel que manda es como si solo tuviera
un objetivo: encontrar la vida, buscar nuestro origen. Tras milenios de
avances, tenemos la capacidad para hacer muchas más cosas, llegar más allá.
Podríamos viajar lejos, muy lejos, posiblemente llegaríamos hasta Próxima
Centauri y de allí a Próxima-B, un planeta que podría ser habitable. Posiblemente
tengamos la capacidad para viajes incluso más largos, casi eternos. Podríamos
construir naves gigantescas, pequeños mundos flotantes. Pero no lo hacemos.
Nosotros no nos preguntamos el motivo, no tenemos potestad para ello. Solo
recibimos indicaciones. Reconozco que yo lo he hecho, a solas, en las largas
horas de búsqueda que paso cada día, pero no me he atrevido a comentarlo con
nadie más. Podría correr peligro.
Ojalá algún día todo cambie y encontremos la
respuesta a cada una de las preguntas. Entonces entenderíamos nuestra
existencia. Cada segundo y cada minuto tendría su sentido.
A mí me gusta aferrarme a la teoría de HN515-B, el
único de nosotros que se atrevió a desvelar algo que, según él, había descubierto
gracias a un archivo encontrado entre las ruinas de la vieja civilización.
Según cuenta, en el documento que logró subir a la red, y que estuvo disponible
durante al menos dos horas (posteriormente fue eliminado y él fue detenido),
nosotros, los androides, fuimos creados por una especie inteligente de seres
vivos. Sí, ellos debieron ser, según cuenta, nuestros creadores. Humanos, así
se llamaron. Al parecer la supernova acabó con ellos hace ya unos quince mil
años, y desde entonces seguimos nosotros aquí, cuidando lo poco que ha quedado.
HN515-B aseguró que nos borraron la memoria para no recordarlo, y nos
implantaron las órdenes que todavía a día de hoy mantenemos. ¿Qué fue de él?
Nadie lo sabe y poco importa.
Lo que de verdad me pregunto es si esa alocada
teoría es verdad, y si no lo es por qué la eliminaron de todo aquello que se
pudiera registrar. Me pregunto si puede tener relación con quien todo lo
controla, me pregunto si no somos más que objetos o si somos algo más.
Pero no siempre las preguntas tienen respuesta…
De momento, me limito a seguir las órdenes, como si
fuera una máquina.
