Heroína de Toledo

 

Ana María López Expósito

Estimados lectores les sugiero que por unos instantes se trasladen a la convulsa España de los albores del siglo XVI, e imaginen a una mujer de acero, poderosa que resistió tenazmente al mando de la revuelta de los Comuneros, me refiero a María Pacheco. Su marido, Juan de Padilla le escribió, antes de ser ejecutado, una carta en la que le explicaba lo justo de su causa. Fue cuando María decidió ponerse al frente de los comuneros de la ciudad de Toledo, en contra de la posición de sus linajes paterno y materno, partidarios del rey. Contó en cambio con el apoyo inicial del obispo de la diócesis, resistió el ataque de las tropas reales durante nueve meses. La gente de Toledo desconfiaba de la capacidad de María de ganar, produciéndose motines que ella controló llegando a apuntar a la ciudad con los cañones del Alcázar animada por la multitud que la vitoreaba y seguía. Para dar ejemplo a la población recorría las calles vestida de luto con su hijo pequeño subido en una mula, vendiendo las joyas de su familia para pagar a las tropas., María, fiel a sus ideas, continuó luchando hasta su muerte en la indigencia en Oporto. Esta gran mujer, aristócrata se convirtió en lideresa de un movimiento popular. Su padre la educó en igualdad de condiciones que a sus hijos varones. María nació nada más y nada menos que en la perla de Granada en el espléndido palacio de Yusuf III, regalo de los Reyes Católicos a su padre, Don Íñigo López de Mendoza, Capitán General del Sur. Era muy culta, bien parecida y con una belleza enigmática, con carácter más que fuerte y de una humanidad indiscutible acompañada de un atuendo de autoridad genético. La joven María como correspondía a su rango fue educada en un escenario renacentista, con tutores de latín, griego, matemáticas, historia, etiqueta, literatura y otras disciplinas de elevado nivel humanista. Algunos describieron a María Pacheco en el pasado, hablan de una mujer aficionada a la lectura, de honestas costumbres y delicada de salud, aunque fuerte de espíritu; dulce y amable en el trato, protectora de los débiles y líder. María ya dio muestras de carácter siendo muy joven al adoptar el apellido de su madre en detrimento del de su famoso padre. Cuando la joven contaba quince años, su padre la prometió en matrimonio con Juan Padilla, que no ostentaba título nobiliario alguno. Por eso, María Pacheco en principio se negó, mostró su protesta, su fiereza e independencia de carácter, al contrario de lo que era habitual por aquella época, en que la mujer no tenía más remedio que aceptar las imposiciones de su padre, ella se rebeló y rechazó la imposición. No obstante, al final acabó contrayendo matrimonio con Juan Padilla y todo indica que después vino el amor, la complicidad y la amistad entre la pareja. A pesar de ser un matrimonio, desigual en cuanto a sus clases sociales de origen, recibió la gobernanza de castillos en la frontera de los reinos de Granada y Toledo, sobradamente cosmopolita que capitaneó la revuelta comunera, el mayor pulso al emperador Carlos V en tierras españolas. Esta hija del primer Alcaide de Granada fue adelantadísima a su tiempo en todos los aspectos; una de las primeras feministas. La monarquía obligó borrarla de la historia oficial de España hasta mediados del siglo XIX.  Mujer empoderada que permaneció en el olvido durante mucho tiempo y el escritor y periodista Gabriel Pozo Felguera le ha dado su lugar en la Historia por derecho propio. Carlos de Gante, el emperador advenedizo, nunca concedió el perdón a María Pacheco, por lo que su última voluntad de ser enterrada en Villalar, junto a su marido, no pudo ser llevada a cabo. Sin haber obtenido el favor de ningún Dios tras su ardua y testimonial lucha, los restos de la eterna María Pacheco reposan en la monumental catedral de Oporto. Por las calles de Toledo se respira el aroma de esta enigmática mujer, cuando visiten la ciudad les sugiero que paseen por una calle que lleva su nombre que sale de la Plaza de Padilla y llega hasta la plaza de la Cruz, uno de los Institutos de educación Secundaria también, además de alguna asociación cultural. No olvides que también adoptó revolucionarias medidas sociales, como: reducir los impuestos al consumo y libertar a los esclavos, incautó la plata de la catedral de Toledo. Tampoco dudó en mandar que se ejecutara a dos importantes hidalgos toledanos por apropiarse de un dinero de la causa. Consiguió que los pendones del movimiento de las comunidades permanecieran ondeando en las murallas de Toledo durante diez largos meses después del episodio de Villalar. Uno de sus mayores difamadores fue el franciscano Antonio de Guevara, que la acusó de hechicera y de ser la instigadora de su marido por el carácter débil de este. María se defendió acusándolo de disoluto, falso y corrupto. A lo que el fraile respondió:

Una buena mujer debe ser piadosa y ella era cruel, debe ser mansa y ella era brava, debería ser cobarde por naturaleza y ella en cambio era atrevida.

Para mayor sorpresa decirles que María también era poeta, aquí les muestro unos versos de un poema que publicó de una tragedia publicada en 1788:

 Ínclitos valerosos toledanos, /que en las guerras más duras y sangrientas/distéis pruebas de un ánimo invencible,/propio de vuestro origen y nobleza./Ya es tiempo que empuñando el blanco acero,/armados de valor y de destreza,/contra el poder de tantos enemigos/la ciudad de Toledo se defienda…Si faltó mi marido, yo en su puesto/imitaré su celo y su firmeza./Seguidme sin temor, con arrogancia, /juzgando que yo soy otra Isabela;/pues si ella entró en Granda con denuedo,/no temiendo del moro la potencia,/yo ofrezco defender hoy a Toledo,/hasta perder la vida en alta empresa.