Isabel Martín Salinas
Reunidas haciendo un semicírculo están sentadas las alumnas de un taller de crecimiento personal: CARMEN, ROSALÍA y ASUN, una esquizoide harto suspicaz.
SOFÍA permanece de pie con el PSICÓLOGO, quien, con sus papeles en la mano, espera. Luego, también se sentarán.
En la habitación, desparramadas de cualquier forma en un lateral o colgadas del techo, hay varias cajas de cartón con la forma de algunas autonomías de España.
SOFÍA. Me han pedido que os diga que el curso continuará la próxima semana. Yo me voy a esquiar con mi ligue, así que tendréis que despellejaros entre vosotras sin contar conmigo. (Luego.) Bueno, veo que ya estáis dispuestas a recibir cada una lo suyo. Pues, sin más preámbulos, cedamos la palabra a este psicólogo desquiciado.
Se acerca a CARMEN, le susurra algo, sonríen cómplices y él va a sentarse en otra silla.
PSICÓLOGO. Gracias (Mira sus papeles.), Sofía. Efectivamente, soy un psicólogo desquiciado que voy a trabajar con ustedes la introyección.Y qué es la introyección, se preguntarán ustedes. ¿De qué se trata? Ni yo mismo lo sé. En principio, vamos a desnudar el alma para abrir boca. ¿Quiénes son ustedes? O mejor, ¿quiénes dicen que son? A ver. Empiece usted (Mira en sus papeles), Rosalía.
ROSALÍA. (Al PSICÓLOGO.) Me he tenido que quedar en el policlínico porque tenía a mi padre ingresado. Durmiendo en un sillón todas las noches. Así me he llevado tres meses que para mí se quedan…porque con mi hermana no puedo contar para nada. Ella va a lo suyo. Y yo acabo cargándomelo todo. Yo es que soy así: me exijo demasiado a mí misma. Es lo que me pasa, que me…
CARMEN. ¡Cállate, que nos pones la cabeza loca!
PSICÓLOGO. Deje que se exprese esta neurótica, haga el favor.SOFÍA. ¡Carmen, que estás proyectando!
ROSALÍA. (A lo suyo. Sin inmutarse.) Y luego, la casa, los niños y el trabajo.
Tratando de conciliar la vida laboral y familiar. Y claro, conciliar, concilio, ¡pero he acabado fatal…! Estoy en manos de médicos; no os digo más. ¡Lo que yo estoy pasando, eso no lo sabe nadie!
CARMEN. No la soportaré mucho rato.
PSICÓLOGO. Yo tampoco, pero para esto me pagan.
CARMEN. La odio. Habla demasiado.
ASUN. ¡Tápale la boca!
CARMEN le tapa la boca.
ROSALÍA. (Sigue hablando con la boca tapada.) Yo antes estaba muy delgada. Y no como ahora…
PSICÓLOGO. Sin violencia, oiga.
CARMEN desiste.
ROSALÍA. …que me he puesto tan gorda. Lo que yo necesito es un balón intragástrico.
Creo que se me quitaría la depresión con un balón intragástrico.
PSICÓLOGO. ¿Sofía?
SOFÍA. ¿A usted le parece que yo debo cambiar de vida? Me explico: todavía no sé muy bien si buscar criada o meterme a servir. Tengo una relación abierta, un amigo con derecho a roce, ya me entiende; además, mi primer ex marido quiere volver conmigo y, por otra parte, me he enamorado de uno de internet que vive en Valencia y se llama Vicente. (Saca una foto que irán viendo todos.) Hace un mes que nos encontramos en un chat y es como si lo conociera de toda la vida.
ASUN. (Desconfiada.) ¡Esta cara no me gusta!
CARMEN. ¿Qué dices, esquizoide? Si está “petao”, “petao”.
SOFÍA. Está dotadísimo y unos pectorales, ¡uff!, ¡no veas cómo está!
ASUN. ¡Parece como si quisiera salirse de la foto! ¡¿No os dais cuenta?! ¡Ah, me mira,
me desnuda con la mirada! ¡Ah! ¡Me explora! (Progresivamente excitada, se acaricia el
torso con imaginación calenturienta.) ¡Es un depredador sexual, un bávaro! ¡Ah!
¡Despiadado… salvaje… feroz…!
Hispania, Hispania, IEA, 2012.
Isabel Martín Salinas está galardonada con el escudo de oro de la Unión Nacional de Escritores de España.
