Homenaje a Eulogio Gavela



María del Carmen Gago Florenti

En O Barco de Valdeorras (Ourense), su villa natal, se celebró recientemente un  homenaje a este magnífico escritor, miembro de la UNEE, por propia in iniciativa y dentro del marco del Instituto de Estudios Valdeorreses.

Eulogio Gavela, miembro de UNEE y amigo personal desde siempre, nace en O Barco un 6 de Abril de 1952en el entorno del barrio de la Estación de Renfe. Tras estudiar Derecho, opta por unirse a la empresa de transportes de su padre Eulogio Gavela,  el que fuera alcalde de O Barco en los años 80, elegido por mayoría absoluta en las primeras elecciones democráticas de este país, además de presidente de la Cooperativa vinícola Jesús Nazareno.

Pasado un tiempo, se traslada a León donde fija su residencia por largos años, cambiando de profesión y representando a las más importantes compañías de seguros. Posteriormente, y ya de manera definitiva se traslada a Vigo, gracias a lo cual, y por sus frecuentes visitas a Pontevedra, vuelvo a encontrarme con él, reanudando una vieja amistad que nos unió hasta el fin de sus días.

Pero hablar de Eulogio Gavela es decir y pensar en poesía, una afición que se remonta a su pre-adolescencia, cuando compuso su primer poema con 13 años que quiso dedicárselo a su padre, y de cuyo momento me place transcribir con sus palabras este hecho que figura en su primer libro “Un ramo de viento”:

“Aún puedo recordar su rostro cuando por primera vez, hace muchos años, miraba con asombro un poema que después de mucho pensar, después de hacer de tripas corazón, le enseñé.

Me miró fíjamente y con su sonrisa socarrona, después de dedicarle el suficiente tiempo de reflexión, preguntó ¿Lo escribiste tú?

Verdaderamente no sabía qué hacer, negarlo, admitirlo o salir corriendo.

Mi respuesta fue afirmativa. Recuerdo su voz, casi su mirada.

-Ten cuidado, dijo.

Eran tiempos difíciles, el poema se titulaba El Minero”.

Desde entonces, su inspiración no cesó un instante, convirtiéndose en un magnífico sonetista y versificando los más inspirados poemas.

En su ingente obra nos fue introduciendo poco a poco en su mundo, onírico a veces, y tormentoso en otras, como corresponde al más apasionado de los románticos. Son las calles del alma por las que discurren los fantasmas de su pensamiento con los que de vez en cuando, entabla las duras batallas del corazón. Es un clásico al más puro estilo dieciochesco, o de principios del XIX, pues defiende la fantasía, la imaginación y las fuerzas irracionales del espíritu. Podríamos ver al impulsivo y en ocasiones vehemente Espronceda o Bretón de los Herreros, a lado de un Lord Byron o Bermúdez de Castro; y no porque Eulogio Gavela carezca de personalidad propia, sino porque su mano se desliza por el papel con el mismo vigor de aquellos que le precedieron.

Con los pies en la tierra, y viviendo la cotidianeidad de su entorno, que también suele plasmar en sus versos, el amor le puede. La evocación de la amada, presente o ausente, la ilusión de su recuerdo o el deseo apasionado de su anhelo, le hacían vibrar en las incontables líneas de sus poemas con las que era capaz de arrastrarnos hasta sus abismos o elevarnos hasta las más inaccesibles cimas del mundo; e incluso en sus pendientes más escabrosas, siempre ofrece un punto al que asirse; y si sus miedos se hacen nuestros, nos abre una ventana a la esperanza para que a través de ella podamos recobrar el sosiego y la paz.

Y en esa línea, de un romanticismo tardío, también encontramos alguna similitud con Bécquer en algún poema de esos a los que antes aludía, ya que Eulogio, navegaba, en ocasiones, entre aguas agitadas enfrentado a los peligros del amor.

 

Olvídame tú porque yo no puedo,

no será posible un vivir sin ti,

pues el día tiene un color tan quedo

que va recordando lo que ayer perdí.

……..

Te veo en sueños de noche temprana,

abrazo tu cuerpo sin que estés aquí,

me roza tu piel color de manzana

recordando airado lo que nunca fui.

Besos en la almohada es lo que me queda,

sensaciones nuevas, otro frenesí.

 

Formó parte de la Unión Nacional de Escritores de España (UNEE) donde publicó una gran parte de su obra poética. Así mismo, del grupo Amistad, de la Asociación Artístico Cultural de Pontevedra, que me honro en presidir y de la Asociación de Escritores y Artistas Españoles (AEAE), cuya Delegación de Galicia,  le rindió homenaje por la calidad de su obra. Y como no podía ser de otro modo, colaboró durante años en el Encuentro de Poetas, -cuya Sección Poético Literaria, dirijo desde hace 37 años- hasta que sus fuerzas se lo permitieron; y digo sus fuerzas, que no su inspiración, ya que mientras pudo sostener una pluma en su mano, no dejó de crear los más inspirados poemas con la facilidad de un auténtico maestro.

Con él hemos aprendido a volar con las alas del espíritu a través de parajes insospechados; allí donde los contornos cubren, como hojas de otoño, los sucesos de toda una vida. Hemos nadado en los mares del tiempo, hasta que desaparece lo tangible en la fina línea del horizonte, para dar paso a otras dimensiones anímicas que naufragan en la orilla. Hemos caminado a su lado por los vastos confines del universo, rozando apenas las estrellas, en un vaivén de melodías acompasadas dentro de las líneas de su pentagrama, cuyas notas se presentan como meros referentes de aquello que habita en su interior. Nos ha hecho percibir la inquietud del científico que en su laboratorio experimenta distintas fórmulas de acceso al mundo de las formas, los colores, o los aromas poéticos, mientras en su alambique literario destilaba las esencias de una lírica incomparable.

Nos ha legado publicaciones como la mencionada anteriormente: Un ramo de viento, su primer libro, editado en 2007,  A la luz de las velas (2009) y estaba a punto de editar Dulce veneno, todos ellos prologados por mi, tal como él quería, ya que como antes señalé, nuestra amistad, como esas velas, solo se extinguió cuando se apagó su luz. En su escritorio varios libros más quedaron guardados porque su vida no le concedió todo el tiempo que precisaba, pero en su recuerdo seguiremos disfrutando de todo ese legado que jamás se irá de nosotros.

María del Carmen Gago Florenti es miembro de honor de la Unión Nacional de Escritores de España.