Ignacio Santos Carrasco, poemas

 

Al sur del sur

Todo me parece opaco

la luz, aunque intensa, se me ofrece esquiva

a mi alrededor solo percibo espesuras.

Gris cuanto alcanza mi vista.

 

Abro la ventana al sol naciente

el recio viento del este invade mi espacio,

aire y luz agitan mis ayeres

luz, a mis pies, incandescente.

 

Avisto la vida, me arropa el cálido viento,

de galas viste mi firmamento,

trasladado me sentí

al fragor de la vida en pleno.

 

Al sur del sur, cuando desfallecer sientes,

         

mar

          luz

                    sol

                              y

viento

 

insuflan los debilitados pulsos

cuando el corazón va lento, muy lento.


Secantes

En la puntual convergencia

que la existencia generacional dicta

y las distancias que la premura

del destino impuso.

Salgo a tu encuentro.

Desde mi rincón de siempre

en el punto exacto que define

el arduo camino de la memoria.

 

Rescato tu solemne semblante,

tu pausado caminar

y la profundidad de la mirada de tus ojos grises.

Lo ensamblo junto a tus quedas palabras,

—ajustada severidad—

y prendidos en mi solapa aún llevo

tus consejos de protección.

 

Añoro cada momento vivido,

más aún, los hurtados por imprevistos.

Los silencios forzados, disonancia de la edad,

o el tono de tus melosos tangos.

Salgo a tu encuentro,

tratando de tomar tu testimonio

sin certeza de poder alcanzarte el mío.

En el deseo, que no existan las distancias eternas y,

en algún momento haya un punto de encuentro.


Sin ficciones

Frente al espejo,

la mirada perdida en la hondura del azogue,

tan solo el jardín de esmeralda de tus ojos

anida esperanza de realismo.

Diluida la ficción, te recompones,

tras avistar aquella joven que fuiste.

 

Barajas imágenes

enhebradas con los hilos del recuerdo.

Mientras se humedecen tus mejillas

titubeas con la tersura de tu vientre

—inhóspito devenir del tiempo—

que coquetea con la caduca esbeltez.

 

Me miras, sonríes.

¡Así somos, seguimos de pie!

 

Copista de tu belleza

He desandado el crepúsculo de nuestra ira

he pisado cada una de sus huellas

he oído el silencio de las lilas

que doblegadas en el camino

permanecían afligidas en tu ausencia.


Su aleteo he sentido en mi estómago

el que lucían cuando estabas plena.

Más tarde los almendros de nata

licuaron sus pétalos

al divisar el frío de nuestro invierno.


Y yo, copista de tu belleza,

en las gélidas noches de insomnio

con el pretexto de aquel insondable silencio

quise resucitar su aleteo.

Del poemario La alcoba del Viento, (2022)


La otra orilla

Puedo felicitarme.

Hoy he alcanzado la fortaleza

que sentirse libre ofrece,

cuando te despojas de las manos

que te aferran e impiden que deshojes tu destino.

 

Atrás dejé abrazos fingidos,

exhortos que nunca te abandonan,

lacerantes halagos y tutelas

que hacen languidecer las luces

y opacan horizontes.

               Por fin alcancé la otra orilla.

Del poemario La alcoba del Viento, (2022)


Libre de impurezas

No cederé el paso al nuevo día

sin que la piel de la noche me libere

del turbio imposible de tenerte.

Cuando asome el alba

quiero estar libre de impurezas

para percibir el resplandor de tus ojos

aunque en sus cuencas

queden esclavos mis deseos.

Del poemario La alcoba del Viento, (2022)