Instinto

 

Juan Bautista Raña Domínguez

Amanecía. La mujer despertó nerviosa, incómoda de sentirse desnuda, pero también con una cierta excitación por el hecho de que estaba sola, aislada del mundo. Cerró los ojos y se dejó llevar. Comenzó a navegar por todo su cuerpo, tocándose tan despacio que no podía resistirlo. Sus manos se concentraron en los pechos y, tras dos suspiros, se mordisqueó los labios. Luego, una de ellas bajó para acariciar su pubis, lentamente, con fruición. Otra vez se mordió los labios con fuerza para evitar que sus gemidos se escucharan. Cuando quiso darse cuenta, la tormenta de emociones ya había acabado. Avergonzada, terminó llorando al filo de la cama, con presión en el pecho. Un fugaz sentimiento de culpa atravesó por su cabeza, pero la certeza de que con quien estaba casada desde hace más de treinta y tres años no satisfacía sus instintos, lo hizo desaparecer.

La insistencia de una campana, que emitía una llamada inoportuna, la sacó de su embelesamiento. Sor María con el pecado dibujado en el rostro, se puso su hábito, se colgó el rosario y después de besar a Cristo abandonó su celda.

Juan Bautista Raña es miembro de la Unión Nacional de Escritores de España.