El árbol
Vuela el sol entre las nubes,
tan bajo que a tiro lo tienen;
tan cansado como la luna,
ella que al anochecer mira.
Torna miradas la sombra,
como presagio de pasados,
incordios pronosticando;
incompletos tiempos
que agua, en tromba, traen.
Lastre arrastra la arena,
la que en ocasiones ciega;
sombras causa la arena
y no todas conocidas,
no todas las que se esperan.
Velará el sol entre nubes,
de cara al viento que lastra;
despierto para no dormir,
en vela esperará la marea.
Vuela el sol entre nubes,
se amenaza tormenta,
avecinan tempestades
donde calma solo desea.
Teme el viejo árbol,
ya no a la soledad
y si esas ramas,
las que pesan,
las que poco acompañan.
Teme a la larga edad,
la que poco perdona,
la que última es.
Soñaré
Y soñaré
con escribir letras que alguien lea,
con hilar esas letras encadenadas:
y soñaré
con quizás un reconocimiento,
un alter ego donde saciar la sed.
Como lo hace algún compañero,
algún amigo del mismo camino;
versar en frases alguna idea,
dejar constancia de ese alter ego,
sin herir, sin dañar, solo expresarme.
A modo de mezclada suerte,
pediría que el desconocido
esa letra entendiera;
a modo de tentada suerte,
leeré mis letras una y otra vez,
cambiándolas, queriendo llegarte.
Soñaré que se puede
mientras vida quede,
soñaré con palabras
que letras alguien lea.
Letras
Hay una poesía que quiere decir,
unas letras que, sin invadir, dicen;
hay una poesía más allá de las letras,
más cercana que cualquier palabra.
La leerás sin apenas entenderla,
cada letra esconde una palabra,
leerás esas letras, sin entenderlas.
Hay una poesía para una intención,
unas letras que del corazón
apenas dicen y llevan esa intención,
unas letras que algún día olvidarás,
las que, más de una vez, recordarás.
