Juan Bautista Raña, poema

 

Tu silueta es mi mapa

Una noche tras otra

el ánfora del sueño

se me llena de dudas,

miles de sensaciones se apoderan

de mi mente y confluyen

en la eterna pregunta

de si seré capaz

de encontrar el sendero

que nos lleve a los dos

a un destino feliz.

 

Una noche tras otra

recibo una respuesta afirmativa,

y comienzo el viaje

por el sur de tu boca,

y me adentro en tus bosques,

en donde te respiro

como a límpido aire,

impregnado de olores

cálidos y suaves,

como de selva virgen

completamente inexplorada y pura

como el alma de un niño.

 

Es el cauce tu piel

de un río caudaloso de pasión,

que agita los sentidos de mi cuerpo.

Mis manos buscan una y otra vez

navegar por tus aguas y beberlas;

imprescindibles se me hacen

para seguir viviendo.

 

Es su mansa corriente

la que me lleva hasta tu norte,

en donde las montañas

me invitan a escalarte

y descubrir las cumbres

aún inmaculadas.

 

El frío y la humedad,

que me sorprenden en principio,

no tardan

en convertirse en calidez,

y entiendo que me invitas a quedarme.

 

Cuando la vista se me pierde

en el valle apacible de tus labios

descubro que es en ellos donde nace

la fuente de la vida,

la que vivo por ti,

la que llevas descrita en la silueta,

mapa claro y conciso del amor.