Kiko Cabanillas, relatos

 

Agente social para marginales

No es sin duda el trabajo que todo padre desearía para su hijo. Pero a mi me dan la vida. En la institución benéfico social Padre Rubinos leopoldo convivo con putas, yonquies e inmigrantes.

Mañana creía que iba a pasar todo el día con ellos, dándoles el desayuno, comida y cena. Pero un cambio de última hora ha limitado mi tarea de voluntario a darles sólo el postre de la comida.

Tenía peligro pasar todo el día con ellos. Sobre todo desde que hiciesen aparición las drogas, ya que mi exagerada capacidad de infiltrarme en el tejido social de los marginales me llama al consumo de sustancias espirituales. Yo sólo fumo hachís y marugüana. Y así seguiré, pero una apuesta decidida por los excluidos no está exenta del peligro de la drogadicción.

Me consuelo pensando que yo soy un yonquie por vía natural. Soy un “outsider”. Y, por ejemplo hoy:

Fernando y María son una pareja de yonquies, que siempre van a Padre Rubinos a rematar la noche con el magnífico desayuno que les facilitan.

Hoy estaban puestos, cada uno en un sillón. Y hablaban con serias dificultades a base de monosílabos. Ella con una lascivia facilitada por el colocón. Y el ausente. Yo quiero saber qué piensan y cómo es el mundo de la drogadicción en el que están sumidos. Pero renuncié a ello, como había renunciado a llevar hachís cuando creía que iba a pasar todo el día en su compañía. Hay que tener un cuidado de cojones. No fuesen a decir mis colegas voluntarios: “Kiko está en el cuarto de baño casi inconsciente y con una chuta usada a su vera”.

No. No pasará, porque a mi lo que me pone es las luces y las sombras de la marginalidad. Su POESÍA.


Azulita cara de sueño

Se despertó como siempre a las siete de la mañana. Vio que el gordo ya se había levantado a desayunar huevos fritos con bacon. Mucho café y zumo de naranja.

María Victoria-Azulita luchó entre el sueño y la vigilia. Y vino a su mente la cara de su madre, que estaba friendo sangre en la cocina. “Mariano y Maria Victoria hacer el favor de levantaros de una  vez que hoy nos vamos de paseo al parque del Oeste”, dijo la madre de Azulita.

Pronto apareció en el universo hogareño actual el semblante libidinosamente femenino en el que se daban la mano la fortaleza y la sensibilidad: Vicky.

Pero Vicky se negaba a salir del mundo onírico, cerró los ojos con fuerza y se concentró en el semblante materno. Luego vino a su mente  Amaya, con esa tímida y femenina sonrisa, que había heredado de ella. Y la verdad es que menos mal que no recibió genéticamente la risa de ogro de su padre.

Desde que recibieron el fatídico diagnóstico enriquito había incorporado licor al café del desayuno. Y ya sólo hablaba de Hobbes. Su vida y obra le servían a enriquito para justificar intelectualmente los devenires más nimios.

“¿Te preparo el desayuno cariño?, dijo enriquito. “Si tienes hambre te vas a chupar los dedos princesa”, dijo. Y acto seguido elaboró un delicioso desayuno americano  como el suyo: con huevos y bacon.

“Y por cierto levanta a Leopoldo, que ayer lo dejaste todo colocado y vomitó en la alfombra”, aseveró azulita.

“Déjalo dormir que tiene que estar descansado para mis exigencias estos días: Alcohol, hachís y Poesía.

“Vicky ya sabes que soy débil pues no tengo tu  fortaleza. Y leopoldo me ayuda mucho”,  dijo el profe.

“Tu debilidad es tu fortaleza”, dijo Leopodo entre bostezos.

Pero vamos a ver enriquito -dijo leopoldo- la persona que está enferma y que exige cuidados es la Vicky y no tu. No presumas de debilidad sobre todo cuando fuiste un rojo radical al que le descolgaron un riñón a patadas los grises en el tardo-franquismo. Tu los tienes cuadrados y te vas a portar como un valiente. Te doy un axioma que te convencerá: Tu siempre has estado vendido al Amor.



Enriquito cometortillas

Estaba en la plaza del pueblo, en Lamas, Boqueixón, en una jaula.

Así a primera vista parecía un Sumo.

Enriquito tan sólo con calzón blanco tapaba sus vergüenzas.

Sólo había un detalle que verificaba su nacionalidad:

Un salchichón sostenido por un cordel atado al cuello.

El espectáculo consistía en que había a la vera de la jaula

un paisano cocinando tortillas, de inmenso grosor...

Y según estaban listas las tortillas

se las pasaba a Enriquito,

quien las deglutía más que comerlas.

Los paisanos disfrutaban sobre manera del "show".

Y en una esquina de la plaza la Rosiña

estallaba en llantos al tiempo que decía: "VAISE POÑER MALO".