La entusiasta de la palabra

 

Manuel Fuentes González

Ana Julia Martínez es amiga, hago anticipada confesión. Sin embargo, el afecto en nada edulcora las consideraciones contenidas en esta reseña.  Desde niña ha sido una auténtica entusiasta de la palabra, una perseguidora de sueños que transmite en sus obras literarias y en otras actividades culturales y de comunicación.

La Unión Nacional de Escritores de España, a través de su presidente Juan Carlos Heredia, vuelve a acertar concediendo a nuestra insigne escritora el máximo galardón de la institución: la Medalla de San Isidoro de Sevilla. El primer atino de la entidad, ya muy lejano en el tiempo, fue nombrarla delegada en Galicia de la UNEE, función que sigue ejerciendo con inagotable ánimo y acierto. Por esas razones y por su trayectoria como escritora, fue distinguida en su día con la concesión del Escudo de Oro.

Ana Julia siente pasión por la literatura y la cultura desde su infancia. Me consta que aún guarda obras inéditas de su adolescencia y juventud. Si bien es cierto que se considera autodidacta, fue su padre ―también escritor y artista, que ya no está entre nosotros― quien ejerció gran influencia e hizo de mentor y guía en esa primera etapa de su vida. Aquellos lejanos recuerdos son vivencias muy presentes ―y brillo delator en sus ojos― cuando he tenido oportunidad de contemplar con ella algún dibujo, o leer a dos voces un poema de su progenitor.

Su capacidad creativa ha imaginado historias de novela y teatro. Es ese primer campo narrativo el que más ha cultivado, coleccionando un buen número de títulos. Sus obras destilan amor, amistad, libertad, emociones y sentimientos encontrados. Abunda la comedia, la parodia y mensajes que apuntan hacia un mundo mejor.

En los anaqueles de las librerías se pueden encontrar obras como «Trazado en diagonal», que fue su primera novela publicada. Pronto siguieron otras dos: “El sueño de la medusa” y “Salvando Distancias”. Con «Turquesas de fuego», el amor y la pasión derriten los hielos en un cóctel provocador. Sin embargo, el escritor no siempre trabaja solo y firma las obras de manera individual. En «El reverso de la venganza» thriller policíaco, ambos comprobamos que dos plumas de estilos diferentes también pueden escribir a cuatro manos.

Llevan su firma un buen número de guiones de teatro breve, obras más extensas del mismo género ―«Refacho» (Golpe de viento) es un buen ejemplo― y algunos cortometrajes. Pero Ana Julia no se queda ahí; la palabra vuela en cualquier formato de comunicación. Ella es actriz de doblaje ―profesión que ha ejercido de manera esporádica― y locutora en radio, tanto en gallego como en castellano.

Premiada en diversos concursos de relatos, a esta polifacética mujer tampoco le es ajena la conferencia ni el artículo. Son numerosas sus colaboraciones en revistas y periódicos.  Solidaria, participativa, e impulsora de actividades culturales, es usual verla dirigiendo y presentando este tipo de actos. Activista de vocación, no duda en colaborar con galas benéficas y buenas causas. Es vocal de la Casa de León en La Coruña y miembro del Jurado de los Certámenes culturales, que este año ya alcanzan la XXVII edición. Ahí seguiremos luchando juntos.

Nuestra protagonista, una auténtica tejedora de urdimbres, vientos y palabras, tiene gesto amable, dulce voz y fácil sonrisa.  Solidaria, compasiva y desinteresada, cabalga por la vida sin espuelas, flotando en el aire siempre atenta a dolor ajeno. No conviene pasar por alto los pequeños detalles, gestos sencillos que encierran grandes cualidades humanas. Consciente de sus virtudes, y aún más de sus límites, nuestra Ana Julia ―que así podemos considerarla todos los miembros de la UNEE― se ha hecho acreedora de respeto y confianza.   

Manuel Fuentes González, escritor, vocal honorario de la UNEE.