Todos los días y a todas horas, a nuestro alrededor o en el interior de nosotros mismos, está ocurriendo una historia que no tiene nada de particular , al igual que la de Celedonio y Anastasia , pero es la suya , que es la de una pareja que pone su trabajo y esfuerzo para que este mundo en el que vivimos sea un poco mejor , y eso no es tarea fácil , sobre todo cuando entre buenos y malos momentos , entre errores y aciertos, sembramos más notas de esperanza que de pesimismo en el camino a recorrer.
Ante tanta gente importante y famosillos de “tres al cuarto” resulta gratificante encontrarnos con personas como Celedonio Cara Corriente y su esposa Anastasia Simpleza Anodina, a quienes si les parecen , a partir de ahora llamaremos Cele y Tasia, tal y como les denominaban sus amigos , por aquello de la crisis y con el ánimo de ahorrar.
Esta pareja vivían en una mediana ciudad, y habían traspasado la frontera del medio siglo, currando ambos del orden de las doce o catorce horas diarias en una de esas fábricas de un polígono industrial , ahora afectadas por un ERE, para poder tener ese grado de bienestar del que con tanto orgullo y bienestar hablaban , llenando su lenguaje y su realidad de esas falsas razones que cada cual , para contentarse, se inventa a su medida.
Siempre, aunque no habían rendido pleitesía a nada ni a nadie, desde el ejercicio de su dignidad, habían seguido disciplinadamente el guión que les había tocado interpretar, sin sumisiones pero sin rebelarse antes de lo que podía ser justo.
Eran ricos, porque no necesitaban más de lo que habían conseguido, pero llegada a su madurez, si bien no habían logrado triunfar, formaban parte de la mayoría silenciosa, que según todas las encuestas, son los que al fin y al cabo deciden.
Se sentían orgullosos cuando hablaban entre ellos, como habían logrado darles una carrera universitaria a sus dos hijos, comprar la casa en la que vivían , tener un coche cada uno y de vez en cuando salir a tapear con los amigos, de mantener sus ilusiones y no invertir en desengaños.
Incluso Cele y Tasia, sin ser magos ni seres excepcionales, con amor y tolerancia, habían superado sus temores, angustias y ansiedades, y se sentían con fuerzas para convertir alguna que otra tragedia en comedia , llantos en risas y soles en noches de luna llena . No entendían como muchos de los que lo tenían todo , pasaban el tiempo quejándose , restando y dividiendo en lugar de sumar y multiplicar.
A pesar del peso de la costumbre no eran presos de un letargo sin sentido, sino que habían puesto notas de sorpresas en sus rutinas y molinos de viento en medio de las llanuras de sus sentimientos, y habían aprendido a sacarle partido a sus sueños, navegando por los mares de la imaginación, procurando no perder el sentido de la utopía.
Tras toda una vida de esfuerzo y sacrificio, habían unos personajes que les producían irritaciones , y eran los fugitivos del trabajo por vocación y los holgazanes por convicción , que practican el cínico deporte de decir lo que han de hacer los demás pero jamás los veremos , ni por equivocación , dar un palo al agua ,porque una cosa es dar recetas y otra bien distinta dar respuestas.
Tasia y Cele, eran los típicos ciudadanos de a pie, y a sus años, les tocaba mucho sus respectivas napias , aquellos déspotas engreídos , que creen saber lo que les conviene al pueblo en todo momento , porque bajo una iluminación especial, han descubierto “la verdad” , pero no tienen autoridad moral para liderar a nada ni a nadie, como tantos otros héroes de la cotidianidad que hacen que este País, esta España nuestra funcione.
A pesar de su buen humor, cada día que pasaba se encontraban más cerca del final de su historia. Entre dolores y molestias habían iniciado una cuenta atrás , cuya solución para que no parara no estaba en sus manos. Veían como sus amigos de siempre que aún vivían tenían los mismos padecimientos y tomaban las mismas pastillas.
De mucha gente que habían pasado por sus vidas, solo les quedaba el recuerdo de los momentos que habían recorrido juntos. Sus mentes claras y despejadas les permitían a Cele y Tasia, vivir plenamente el paso del tiempo, no solo siendo testigo sino siempre que la salud se lo permitía, asumiendo el protagonismo de sus historias sin bloquearse.
A estas alturas tenían que tener cuidado con las pendientes y las curvas, en no instalarse en una crisis permanente que no les permitiese disfrutar de los buenos momentos , y practicar de vez en cuando ese deporte tan relajante y reponedor, de pienso , luego me desconecto, para no hacer absolutamente nada.
Eran tiempos para repasar lo bueno y lo malo que les había sucedido, en los que se mezclaban historia, memoria, propaganda, compromiso y activismo : Ahora, cuando cada día estaba más cerca el desenlace , era quizás el instante adecuado de recordar como había comenzado y transcurrido el libro que habían escrito Tasia y Cele juntos.
Aunque siempre habían trabajado desde su compromiso social por poner su grano de arena en construir una comunidad mejor y más justa, nunca habían estado obsesionados por el perfeccionismo y mucho menos por la fijación de pretender ser perfectos y si en aprovechar las oportunidades para ser lo más felices posibles , con una visión positiva de sus vidas.
Se habían tomado en serio pero habían aprendido a reírse de ellos mismos, con su salud mental y relativizando su papel en el mundo: Los amigos que habían tenido durante su existencia les tenían en afecto, respeto y consideración , y su sencillez, cercanía y apertura en la relación y en el trato con los demás les habían servido para disfrutar de sus éxitos y asumir sus limitaciones y fracasos.
Relato publicado en la revista Dos Orillas.
Juan Antonio Palacios es miembro de la Unión Nacional de Escritores de España. Está galardonado con la Medalla de San Isidoro de Sevilla.