A Ofelia, y a aquellas, exiliadas de sí mismas
Se sumergió en el agua soñando la mirada del amado,
buscando las caricias
de quienes le negaban el consuelo.
Sintió que resbalaba hacia un mundo ignorado
que acogía sus sueños.
Y decidió quedarse allí donde las algas la acarician,
donde los peces buscan sus mejillas,
donde el silencio calma pesadumbres.
Y descansó serena, sobre el húmedo lecho,
sembrado de amapolas y de lirios,
narcisos, pensamientos, margaritas…,
con su collar al cuello, de violetas,
significando su muerte adolescente.
Cantamos tu desgracia, dulce Ofelia.
Qué culpa te asistió sino ser bella, mujer y enamorada,
y habitar la tragedia y la locura
de quienes invadieron tu universo.
Del poemario Surcando el Viento
Insidias
La duda alzó la voz,
voló sobre cabezas levantadas
que esperaban certezas.
Extendiose un efluvio de sospecha
y con ella recelo y desconcierto.
Fue creciendo la voz desesperada,
convertida ya en ira,
que clamaba venganza.
Y surcaron el cielo cuervos negros
que extendieron las alas y cegaron la luz,
graznidos que acompañaron los gritos,
algarabía nefasta que cegó melodías
que tímidas alzaban su plegaria de amor.
Así continúa el mundo
sumido en maremágnum vergonzante,
ahogado por pecados capitales,
luchando por asir los haces de esperanza
que resisten la duda,
que se nutren del sol.
De A propósito de vida
Elegía
Hoy
se apagó tu luz, y las estrellas
descifrarán
tu nombre, enamoradas
del
eco de las voces que te alumbran,
de
la estela de amor que te acompaña.
El
silencio cubrió la madrugada
y
la escarcha se deshizo en lágrimas;
hoy
no saldrán las nubes,
el
sol tendrá tu luz por compañía
y
el viento aplacará la sed de sombra.
No
volarán los pájaros, no cantarán los grillos,
tras
las majadas aullarán los perros,
y
en negro tornarán las rojas amapolas.
Hoy
se apagó tu luz, quedamos ciegos,
huérfanos
de tu piel, de tus afanes,
apartados de Dios, sin esperanza.
De A propósito de vida
