Una tarde en satén
Una tarde en satén color rosa,
me dijiste con voz temblorosa
que tú nunca me ibas a olvidar.
Me contaste que el mar te llamaba
como tira del carro un caballo,
con mi llanto tu cuerpo mojaba
la mañana de piedra y de orballo.
Enrocadas las nubes en rojo
tierras fértiles con prados verdes,
frenaría mi llanto y mi enojo
el saber que tal vez me recuerdes.
Ya regresas con melancolía
la que ofrecen los años vividos,
tú mis ojos verás este día
en mi estatua de piedra, dormidos.
