De verde viste el pueblo
Frenético quebranta un proyectil
sobre el marrón y el ocre en las laderas
y, alejando la paz entre fronteras,
de luto viste al pueblo aquel misil.
Por mi tierra luchando en tierra hostil,
sólo escucho el silencio entre banderas,
y, esquivando las balas más certeras,
sin vida vivo en brazos de un fusil.
Nuestras madres, ocultas en guaridas,
se calzan los zapatos de los hijos.
Exhortemos el alto al fuego en aras
de la libertad, al azul, sin bridas,
sepultemos gloriosos entresijos
y rencillas por dogmas o por tiaras.
Por tiranos con taras,
miseria; por miseria, lucha y guerra.
Exijamos paz para nuestra tierra.
Ese día que vuelvas a
casa
Ese día que vuelvas a casa
te aseguro que tú la verás:
nuestra aldea se ahoga y se abrasa,
nuestro hogar en el nunca jamás.
Y jamás ese hogar, ni sus pozos,
ni sus aguas de espacios abiertos,
ni el prado y su brisa, ni los gozos
en la parte de atrás de los huertos,
volverán a su imagen natal.
La abundancia de nubes moría
escupiendo tormenta a raudal,
hoy el llanto riega, la alegría
se añora, se recuerda, se pierde.
Y aunque jures que no volverás,
unos ojos recuerdas en verde
y el amor en los campos de atrás.
Una tarde en satén
Una tarde en satén color rosa,
y universo de blanco lunar
me dijiste con voz temblorosa
que tú nunca me ibas a olvidar.
Me contaste que el mar te llamaba
como tira del carro un caballo,
con mi llanto tu cuerpo mojaba
la mañana de piedra y de orballo.
Enrocadas las nubes en rojo
tierras fértiles con prados verdes,
frenaría mi llanto y mi enojo
el saber que tal vez me recuerdes.
Ya regresas con melancolía
la que ofrecen los años vividos,
tú mis ojos verás este día
en mi estatua de piedra, dormidos.
