Mayte Corman, poemas

 

Viaje al Paraíso

Una noche mamá se sentó en mi cama,

me miró a los ojos, jugó con mi pelo sonriendo.

Nos vamos al Paraíso, a vivir aventuras,

a cumplir nuestros sueños.

 

Me senté, abracé a mamá, la llené de besos,

En la maleta guardó unos zapatos

Y dos vestidos que cosió con retales viejos.

 

Nunca había tenido vestidos ni zapatos.

Mamá hacía magia con sus manos,

a mi osito Tedy le hizo un lazo.

Tedy era tuerto y manco,

pero aún así estaba… tan guapo.

 

Tras varios días de viaje llegamos al Paraíso,

unos señores serios nos estaban esperando.

Mamá me dijo que iba a estar un tiempo

con otra familia, mientras buscaba trabajo.

 

Yo no quería otros papás ni hermanos,

aunque su casa fuese un palacio,

yo quería estar con mamá,

nos separaron.

 

Con el tiempo nos reencontramos,

nos llenamos de besos y abrazos.

Mamá había encontrado trabajo.

 

Comencé a dar saltos de alegría mientras gritaba:

¡Mamá, coseremos cicatrices entre puntada y puntada!


Enséñame a quererte

Sociedad rota, frágil, inerte...

dormida y esclava ante injusticias,

sociedad que duele.

Me refugio en mi castillo,

te observo, te escucho... Sociedad hiriente,

eres conformista y sumisa,

rebélate al mundo, enséñame a quererte.

Crees las mentiras que te cuentan

y tus hijos en silencio mueren,

mueren en la desidia aceptando el maltrato,

la infelicidad, el trabajo precario.

Y me irrita que no te inmutes,

no sé quererte ni siquiera para un rato,

tal vez porque no te entiendo,

tal vez porque sufro al verte.

Háblame y dime que estoy equivocada,

que hay esperanza...

Dime que estás pasando una mala racha,

y enséñame a quererte.

 

Alzaré mi voz por los que no pueden,

ayudaré a tus hijos a abrir los ojos,

a amar la vida, a ser felices,

sin tanto cuento, ni tanto miedo.

Y aquí ando en mi castillo,

viéndote sufrir en silencio,

enséñame a quererte,

a curarte las heridas entre tanta mentira...

a luchar juntas de nuevo, a quererte al verte.

 

Desnúdate y dime que ves

Quítate ese corsé,

no intentes conquistarme con el «tengo»

y conquístame con el «ser».

El tengo va y viene, fluctúa con el tiempo,

dime cómo sientes, cuáles son tus sueños,

roza tu mano con la mía,

para que me hable tu piel.

Desnúdate lentamente y bésame,

que tus labios me cuenten historias,

despréndete de prejuicios, de tabús…

muéstrame tu verdadero ser.

Conquístame con tu mejor sonrisa,

bebamos un poco de vino,

relajados, desnudos,

nos miramos frente a frente,

vemos al auténtico «ser»,

el corsé igual que vino se fue.

y ahora mírate al espejo, dime…

¿a quién ves?