Partida
Cuando el verano era triste, tú venías
como una estrella pura que en el cielo ardías.
Te buscaba en los cielos de un cobalto fiel,
eras como el roble, majestuoso y cruel.
Sentía que estabas, aunque no te veía,
lloraba en la noche, gritaba tu armonía.
De cara a la luna, surgías al llorar,
me rozabas la sien… y te ibas sin hablar.
Amor de mi vida, partiste hacia el azul,
¿qué me queda en la tierra?, ¿qué sueño es aún útil?
Vacío y abatido, sin fe ni porvenir,
me hundo en el silencio, sin poder reabrir.
Mi novia eterna, ausente entre las nubes,
eres ángel de luz, en las flores te subes.
El lirio blanco llora y parece morir,
el ansia de tenerte me hace revivir.
Hoy vuelvo a estar solo, con alma desgarrada,
cuando tú me tenías, mi vida era amada.
Estoy tan triste, siento el tiempo deshacerse…
Tu partida, mi vida, hace al corazón romperse.
Las flores del amor
Cuando las flores nocturnas del amor
trenzabas dulces sobre mi sien,
caían pétalos alimentando mi fervor
mientras la lluvia me enamoraba también
Andábamos tomados de la mano,
más de un juramento eterno te di.
Ni mi pensamiento, siempre soberano,
no podía alejarme de ti.
Cuando las flores del amor del alba
nos reencontraban bajo el pálido sol,
seguía su risa en armonía y la salva
sobre el lecho del hojas trébol, rol.
Para encantarme, para aliviarme,
con su voz suave y celestial,
decía que todo va a quedarme
bien, al andar por el umbral.
Cuando las flores del amor, nevadas,
filtraban trozos del porvenir,
se abrió en su alma, renovadas,
páginas grandes de un sentir.
Cuando las flores del amor, calladas,
se marchitaron sin un porqué,
teníamos miradas apagadas,
soñando el último “bésame”.
Lloramos como niños en la noche,
cuando supimos la verdad cruel:
que no podríamos, ni por derroche,
romper el gran y viejo tropel.
