Mi confidente

 

Clemente González

“Yo siempre te he contado a ti mis cosas, Troylo”.

Complicidad perruna.

A veces el amor se parece a una brasa que nunca se apaga: arde bajo la ceniza, silencioso, pero basta con nombrarlo para que vuelva a iluminarlo todo. Así es el amor que aún le guardo a mi Panchito. No está, y sin embargo me acompaña; su ausencia tiene la forma de su cuerpo tendido a mis pies, de su mirada fiel que hablaba sin palabras.

Cuando abro las Charlas con Troylo, siento que Antonio Gala escribió también por mí: porque en cada línea se reconoce la devoción secreta, la complicidad única que un hombre establece con su perro. Gala conversaba con el suyo como quien conversa con la vida misma; yo sigo hablando -sí, también a veces le escribo-, con mi Panchito en sueños, en los caminos que recorremos solo en la memoria.

Él me enseñó a amar sin condiciones, a ser mejor en silencio. Y hoy comprendo que mi perro fue, como el de Gala, una traducción terrenal de la palabra eternidad.

Clemente González está galardonado con el escudo de oro de la Unión Nacional de Escritores de España.