Miguel Hernández, mi colindante vecino en Calle Sagrado Corazón, de Roldán

 

Juan Miguel Roca Martínez

El grupo “Litoral. Revista de la Poesía, el Arte y el Pensamiento” con un mensaje muy atractivo me motiva de nuevo a reflexionar y a expresar algo sobre la figura humana y literaria de Miguel Hernández. Fue hace un mes, el 28 de marzo, cuando aparece como notificación en Facebook un mensaje de algún organizador de este grupo que se llama: “Litoral. Revista de la Poesía, el Arte y el Pensamiento”.

El mensaje consiste en la presentación de una reseña bibliográfica que apareció en los números 74-75, 1979 de dicha revista, pero ahora rescatada y presentada en Facebook en la fecha mencionada antes 28 de marzo 2026. El número de la revista lleva el título de “Vida y muerte de Miguel Hernández” y el título del texto es “Miguel Hernández: Nombre y voz”. El autor de dicho texto fue Vicente Aleixandre, poeta de la generación de 1927 quien fue amigo del poeta oriolano en la Residencia de Estudiantes de Madrid, donde se reunían para conversar de muchas cosas, pero sobre todo de literatura y de poesía. Reproduzco el texto de Vicente Aleixandre:

Había que ver a Miguel, con su tez propagada, el ocre de sus pómulos subido a un grado en su color, nunca rojo, porque la tierra no arde, pero guarda el fuego, exhalar sus palabras, tenso el brazo, la voz más clara que nunca, y ya no con el son del arroyo, sino con el ruido de la voz del hombre cuando sale del pecho. Henchido pecho y voz de él. He oído a muchos poetas decir sus versos. Pocos me han dado esta sensación tan completa del hombre expresado en acto, desde la desnuda garganta”.

Agradecido por esta información que no conocía, he de decir que mi reflexión no se hizo esperar ni un minuto. Yo vivo en un pueblo pequeño de la Región de Murcia, cuyas tierras hacen frontera entre el campo de Cartagena y la llanura opuesta a Murcia tomando como referencia la Cresta del Gallo y el Puerto de la Venta de la Virgen. Mi casa se encuentra a muy pocos metros de la Plaza de la Iglesia y tabique por medio con ella se encuentre la biblioteca del pueblo, llamada Miguel Hernández. Todos los días saludo su nombre y su nombre me recuerda su vida y su obra. Conmigo viene el pastor poeta, oriolano honesto a quien desde estas palabras un homenaje rendirle quiero. Le rezo con su música y le rindo mi afecto con sus propios versos. Amarillentas muchas fotografías e imágenes en el papel, pero esa luz de tierra que le honra sencillez y autenticidad está grabada con todo su esplendor humano en mi memoria. Desde mi corazón, Miguel, te deseo larga vida en mi recuerdo. El tiempo soplará de diferentes maneras según las inclemencias, pero mi voluntad de recordarte es inquebrantable. Como el junco en el río seguiré resistiendo al olvido de tu persona, ángel de luz, poeta de ti mismo, poeta del pueblo, poeta del amor. En mi memoria para siempre. Todos los días te saludo frente a mi casa, vecino de mi existencia. En mi hogar dispones del calor de otra compañía, que no pudiste conocer. Cuando quieras ven, que tenemos que hablar de muchas cosas, compañero del alma, compañero. Mientras tanto te saludo, compañero poeta, al leer tu nombre junto a mi casa. Mi voz a medio silencio te llama y tú me oyes al inicio de un alba primaveral. Noto cómo te sonríes tras tus versos de espumosas almendras, pero mi mente apenas ausculta tu esencia humana y apenas percibe la bella estela de tu paso por el mundo. Poeta de tu tiempo y el mío, tú vienes conmigo, mi corazón te lleva.

Juan Miguel Roca Martínez. Escritor. Delegado Permanente de la UNEE (Unión Nacional de Escritores de España) para las Relaciones con el Flamenco.