El pasado domingo 20 de Julio se celebró un recital poético y musical en conmemoración a Miguel Hernández en el Teatro Sebastián Escudero de Roldán. Titulado “Miguel Hernández y el flamenco” estuvo organizado por un grupo de amantes de la cultura y la música llamado “Libertad para el alma” cuya directora es Victoria Briongos Laínez. En el acto intervinieron componentes de dicho grupo recitando y bailando, a la vez que se escuchaban las canciones interpretadas por Juan Manuel Serrat con letras de los poemas hernandianos y de otros cantantes. Habiendo invitado como colaborador a este acto a Juan Miguel Roca, este escritor intervino después de la presentación por Victoria haciendo una semblanza biográfica del poeta y recitando los poemas “El niño yuntero” y “Canción del esposo soldado” en otros turnos del evento.
La semblanza presentada fue la que sigue:
Miguel Hernández. De pastor poeta a poeta de flamencos y de todos.
“Recordar a Miguel Hernández es un deber de España, un deber de amor. Pocos poetas tan generosos y luminosos como el muchachón de Orihuela cuya estatua se levantará algún día entre los azahares de su dormida tierra. No tenía Miguel la luz cenital del Sur como los poetas rectilíneos de Andalucía sino una luz de tierra, de mañana pedregosa, luz espesa de panal despertando. Con esta materia dura como el oro, viva como la sangre, trazó su poesía duradera”. Son palabras de Pablo Neruda poeta chileno y embajador de dicho país en España quien fue amigo y protector de Miguel durante algunos años.
Miguel Hernández nació el 30 de octubre de 1910 en Orihuela. Su padre se dedicaba a la cría de ganado caprino, motivo por el que se trasladaron de la C/ San Juan n. 82 a la C/ de Arriba, 73 con más comodidad para el trabajo, vivienda convertida posteriormente en casa museo. Miguel fue escolarizado en el centro de enseñanza Nuestra Señora de Montserrat, luego en las escuelas de Amor de Dios entre 1918 y 1923. En 1923 pasa a estudiar bachillerato en el colegio de Santo Domingo de Orihuela regentado por los jesuitas. Estos le proponen una beca para continuar sus estudios, pero el padre la rechaza. En 1925 abandona los estudios por orden paterna para dedicarse en exclusiva al pastoreo. Pero mientras cuidaba el rebaño leía con avidez, así de intensa era su pasión por el conocimiento de la literatura. Su circunstancia laboral y social ya le fija algunas características de su poesía, naturaleza y autodidactismo. Así a falta de orientaciones didácticas él se las delimitó leyendo obras directamente, sin mediaciones académicas y el apego a la naturaleza es apreciable muchas veces. Especialmente es reflejo de la naturaleza su verso “Me llamo barro aunque Miguel me llame”, muy original, campesino y expresivo, pero a la vez con el simbolismo de referirse al mito bíblico de la creación del hombre a partir del barro.
El canónigo Luis Almarcha puso a disposición de Miguel libros de San Juan de la Cruz, Gabriel Miró, Paul Verlaine y Virgilio. Empieza a ir a la biblioteca y junto con otros amigos celebraban tertulias literarias en la tahona de su amigo Carlos Fenoll. Conoció y entabló mucha amistad con José Marín Gutiérrez, abogado y ensayista que adoptaría el seudónimo de “Ramón Sijé”.
En 1932 obtiene un primer y único premio literario: un poema de 138 versos llamado “Canto a Valencia”. En 1932 viaja a Madrid buscando empleo. Al no conseguirlo volvió a Orihuela. Pero su estancia en Madrid le permitió conocer a algunos escritores de la generación del 27 asimilando la teoría literaria de moda en aquel momento y con la que escribiría “Perito en lunas”, de carácter surrealista, la tendencia dominante.
Tras publicar en 1933 Perito en lunas le invitaron a hacer lecturas de su obra en la Universidad Popular de Cartagena, llegando a conocer a los fundadores de la misma, Carmen Conde y a su marido Antonio Oliver y también en el Ateneo de Alicante. Logró ser colaborador en las Misiones Pedagógicas. Después fue secretario y redactor de la enciclopedia “Los toros”, tras ser elegido por su director y primer redactor José María de Cossío, quien se convirtió en su protector y más ferviente defensor de su obra. Cuando aparece luego su obra “El rayo que no cesa” ya se percibe un carácter intensamente lírico, pues todos los versos son de amor, excepto la “Elegía a Ramón Sijé”.
Poco a poco su poesía se hace cada vez más social llegando hasta el compromiso político con los más pobres y desheredados. Cuando comenzó la guerra se alistó en el bando republicano con el convencimiento de que defendía el sistema de libertades antes establecido democráticamente. En el verano de 1937 asiste al 2º Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura celebrado en Madrid y Valencia. En este año aparece su poemario “Vientos del pueblo” en la línea del compromiso político. En abril de 1939 concluida la guerra aparece su obra “El hombre acecha” pero las autoridades no permiten su publicación. Vuelve a Orihuela corriendo mucho riesgo y es detenido. Después de pasar por varias cárceles le llevan hasta la de Alicante, la última, en la que falleció de tuberculosis, al no ser atendido del todo bien por los médicos. Tenía solo 31 años de edad y no pudieron cerrarle los ojos, motivo por el que su amigo el poeta Vicente Aleixandre le compuso un poema.
La literatura de Miguel ha servido de inspiración, tema y letras para las interpretaciones de cante flamenco de reconocidos cantaores. A Miguel Hernández le encantaba el arte flamenco, fue amigo de grandes figuras del género y en ocasiones el poeta cantó junto a ellos en reuniones íntimas.
En el disco “Para la libertad”, aparecido por el año 1972, el primer cante es un bolero por bulerías que el magistral Miguel Poveda interpreta del poema del mismo título Para la libertad de Miguel Hernández. ” Nanas de la cebolla” ya lo grabó años antes el inmortal Enrique Morente con la guitarra de Rafael Riqueni, lo que supuso que los cantaores conocieran la poesía de Miguel. En tercer lugar, el poema “Casi nada” lo entona Duquende por bulerías. Surge Pitingo en el cuarto cante: una malagueña armoniosa del poema hernandiano titulado “La boca”. El poema “El pez más viejo del rio” le valió a Camarón de la Isla para dejar grabados unos fandangos jondísimos. El sexto cante es el poema de Miguel “El sol, la rosa y el niño” que Carmen Linares interpreta con unos fandangos de Huelva. Los Carmona entonan un bolero con el poema “La carta”. Arcángel transforma el poema “Todas las casas tienen ojos” en unos fandangos de Huelva extraordinarios. El grupo Almería interpreta por tangos el poema “Como un pozo”. José Enrique Morente escoge el poema “Antes del odio” para interpretarlo por granaína. Por último, Lucía Izquierdo hace de los versos “Estoy a gusto con mi herida” una rumba flamenquísima.
Los cantaores flamencos encontraron en la poesía de Miguel una forma emocional muy auténtica para transmitir con fidelidad los más profundos sentimientos del ser humano. La palabra poética de Miguel actuó así como una musa inspiradora para la interpretación del cante flamenco.
Cuando en Roldán se fundó la biblioteca pública se le puso el nombre del poeta, Biblioteca “Miguel Hernández”. Para el acto de inauguración de la misma el 12 de marzo de 2010, las autoridades del momento invitaron a la sobrina nieta del poeta, con quien tuve el agrado de una conversación amena y sencilla, de quien creo recordar su nombre, Mar Campelo Moreno, nieta de Elvira Hernández, la hermana de Miguel Hernández. El evento tuvo un éxito total toda vez que se desbordó el aforo posible para el espacio real del salón de actos de la Biblioteca. La poesía de Miguel Hernández seguirá vigente por su calidad literaria y su defensa de los valores humanos.
Juan Miguel Roca escritor y delegado de la UNEE (Unión Nacional de
Escritores de España) para las Relaciones con el Flamenco.
