Palabras por la Paz

 

Juan Carlos Cavero

Dedicamos esta oración a todas las naciones del mundo que sufren por el uso de la violencia o las armas para compartir con ellas, en esta Navidad, doce deseos de Paz, Amor y Tolerancia y con cuyo advenimiento sueñan, a buen seguro, todas las personas de bien.

- Si el progreso no se confundiera con llenar el mundo de armas cada vez más destructivas, para que unos pocos miserables se enriquezcan a cambio de la muerte y el dolor de muchos inocentes.

- Si el uso de la armas dejara de ser la excusa de gobernantes cuya hipócrita ambición de apropiarse de la tierra del otro legitima la guerra como si fuera un paso necesario e imprescindible para una futura convivencia en Paz.

- Si los adultos mirasen al mundo –este hermoso y misterioso jardín repleto de vida, amor y diversidad– como hacen los inocentes niños cuando contemplan con asombro y curiosidad todo lo que les rodea y viven la alegría de los proyectos en común.

- Si en lugar de levantar fronteras de muros y alambradas entre pueblos por ellas circundados, paseásemos sin odio por avenidas y puentes, felizmente unidos de las manos y de corazones sonrientes.

- Si dejásemos de ver a personas, pueblos y naciones, bajo la ficticia polaridad de buenos o malos, amigos o enemigos, entonces la violencia dejaría de imponer su terror sobre el que llamas rival, pues “el otro”, en realidad, es tu hermano.

- Si por encima de las diferencias ideológicas que buscan dividir y separar, nos diésemos cuenta de la importancia crucial del respeto a la diversidad y de la unidad de todos en el Amor y la Paz.

- Si hoy, más que nunca, se acabara con la peor de la tiranías de este siglo: la del laberinto burocrático de un Estado Leviatán basado en leyes minuciosas que dilatan la justicia y coartan la libertad personal, pero exige, bajo el miedo inflexible, la obediencia inmediata de su mandato.

- Si la ONU fuese un organismo cuya autoridad moral se estableciera, sin hipocresías, por un acuerdo ético y un serio compromiso aceptado por todas las naciones del mundo para el bien común de todos los seres de la Tierra y sus resoluciones pudieran ser cumplidas sin demora y sin vetos.

- Si dejásemos de lado la falsa sensación de sentirnos más hombres cuando nos imponemos a otros y los sometemos a nuestra voluntad por la violencia o el dinero, el verdadero poder de la colaboración y de la Paz iluminaría nuestros encuentros y no la prepotencia violenta de los poderosos.

- Si las guerras de religión se lidiaran en el cielo de los Dioses y no por seres humanos en la Tierra, seguiríamos alegres y piadosos al vencedor, sin derramamiento de nuestra sangre.

- Y, Si por fin comprendiésemos que las almas de todo lo viviente están interconectadas en nuestro infinito universo, daríamos el salto cuántico de respetar la vida íntegra de la que todos somos parte.

Entonces, y sólo entonces, lograremos que nuestros hijos hereden la PAZ EN LA TIERRA, en este pequeño y pálido punto azul donde todos vivimos y que viaja velozmente cargado de vida y esperanza por un espacio iluminado de ardientes y eternas estrellas. ¡Feliz Navidad!

Juan Carlos Cavero es doctor y profesor tutor de Filosofía en la UNED y en Enseñanzas Medias. Es miembro de la Unión Nacional de Escritores de España.