Rafael Alcalá, poemas

 

Julio, 17

¿Y si fuera la muerte

el vaho que alimenta

eximio en el regazo

de tu frágil entraña?

 

A ti he de acercarme

después de la renuncia

de los ojos

(el ánimo conforme

a quedarme sin cuerpo;

los cuadernos en blanco

de antigua sensaciones).

 

Mas llevaré la mar

(sus conchas, espirales,

su intemporal querencia)

por equipaje sólo,

por si acaso no hallara

los confines que busco

y en ella me diluya

como un dolor desnudo.


Campana de proa

Horada su tañido

el curso aletargado de la niebla

que circunda

los desolados valles de la tristeza ilímite.

 

Por sexta vez desdobla su repique

desde un puente de proa que mi altitud no alcanza.

Y pronto se enmudece, si lumbres me traspasan. 


Ánfora

De Gea descendido aún florece

-en prados de gorgonias-

este barro que ofrenda

la lentitud de un mundo

que en la forma encontró

razón de su existencia.


Medina

Con claros del levante, bien puedo contemplarla

tallada sobre el mármol quebrado del olvido.

Su voz es tan potente, que a riesgo de la vida

(los ojos ateridos de mil guerreros muertos

se incrustan en mis venas) hasta su muro llego,

 

Y cruzo los pensiles, los baños, el marcado…

Y al oratorio acudo, al borde de la asfixia,

en busca de un indicio que me muestre

si el corazón se olvida del soplo que lo nutre

o agolpa sus palabras cercando a la belleza.


Rafael Alcalá es miembro de la Unión Nacional de Escritores de España.