Campana de proa
Horada su tañido
el curso aletargado de la niebla
que circunda
los desolados valles de la tristeza ilímite.
Por sexta vez desdobla su repique
desde un puente de proa que mi altitud no alcanza.
Y pronto se enmudece, si lumbres me traspasan.
Ánfora
De Gea descendido aún florece
-en prados de gorgonias-
este barro que ofrenda
la lentitud de un mundo
que en la forma encontró
razón de su existencia.
Medina
Con claros del levante, bien puedo contemplarla
tallada sobre el mármol quebrado del olvido.
Su voz es tan potente, que a riesgo de la vida
(los ojos ateridos de mil guerreros muertos
se incrustan en mis venas) hasta su muro llego,
Y cruzo los pensiles, los baños, el marcado…
Y al oratorio acudo, al borde de la asfixia,
en busca de un indicio que me muestre
si el corazón se olvida del soplo que lo nutre
o agolpa sus palabras cercando a la belleza.
