A Gloria Fuertes
Era niña y mujer, y un
manuscrito
por su cuerpo de versos
transitaba,
leerla es sentir cómo
le hablaba
a su alma ensanchada entre los mitos.
La guerra, el desamparo
y lo inaudito
se elevan con preguntas
que temblaban,
la paz era un anhelo
que llenaba
sus poemas ansiosos de
infinito.
El amor y la pérdida,
el deseo
la mueven a escribir, a
ser camino,
a andar y a desandar,
ser aleteo.
A los niños les dio un
don divino:
un globo de verdad que
era la luna
para escapar del tedio
y de la cuna.
A Rafael Alberti
con motivo del centenario de la publicación de su Marinero en tierra
Imagino que todos los
poetas
hemos soñado ser un
marinero,
aunque sea en un mar
verde y de versos
escritos con la sal de
las mareas.
Imagino a ese mar
dentro de tierra,
un vaivén de añoranzas
y recuerdos
que son como temblores
y veleros
con su popa, su proa y
su bandera.
Presiento a Rafael en
la Argentina
soñando el mismo mar
que allí oteaba,
pero con otro sol,
otras las playas.
Lo presiento
escribiendo una elegía
a la patria perdida,
triste el alma,
soñando que hacia
España navegaba.
A Santa Teresa de Jesús
Muero porque no muero.
Habla Teresa
de un desvivirse el
alma por un cielo
que al tiempo es su
maná y un desconsuelo
que la eleva y traspasa,
hasta la apresa.
Son sus versos
ardientes la promesa
de otra vida más plena ―su
desvelo―
que la lleve entre
rezos al Carmelo,
distinto del que ella
es abadesa.
Busca Teresa a Dios con
su poesía,
busca Teresa a Dios por
los caminos
que anda para fundar
trece conventos.
Siente una voz por
dentro que la guía
a un encuentro de Amor,
hacia un destino
que le otorga la luz como sustento.
A Gustavo Adolfo Bécquer
¿Dónde están las
oscuras golondrinas
que una vez y otra vez
a mí volvían
a traerme la pasión por
tu poesía
y alejarme del ruido y
la rutina?
¿Qué es amor? ―me
pregunto sin inquina,
igual que me pregunto
qué es poesía.
Eres tú la respuesta,
tú utopía,
que para el alma
siempre es medicina.
Me gusta imaginar
mientras lo leo
a Bécquer escribiendo
sus poemas,
rimando esas palabras
que suspiran.
Perdido entre ilusiones
yo lo veo, cavilando
amor o desamor son su
dilema
y quiere definirlos sin
mentiras.
A Federico García Lorca
Aún la madrugada sigue
helada,
aún no quiere hacerse
vida el día,
aún llora y maldice la
poesía,
aún el odio cobarde es
una espada.
Aún siguen buscando a
su poeta
los versos que rondaban
por su mente
la noche, fue un
calvario inclemente,
que sepultó su cuerpo
en la cuneta.
Aún sus versos siguen
resonando,
aún sigue su duende por
la tierra,
aún el miedo sigue
sollozando.
Tu nombre, aún, sagrado
Federico,
es símbolo de paz
contra la guerra,
por eso con tu ser me
identifico.
Homenaje a mis poetas
Grito Lorca y estalla
la poesía
y me ofrece la sangre
de su duende,
don Antonio es el bien,
sabiduría,
Bécquer lleva suspiros
en su frente.
De Garcilaso admiro su
armonía
y de Lope su vida
irreverente,
Góngora se me escapa
entre los dientes,
de Quevedo me atrapa su
osadía.
San Juan me eleva y
siento que me pierdo
entre cantos divinos y
amorosos,
a Manrique le debo mis
recuerdos.
Me hiere con su pena
Rosalía,
Gloria exalta este
mundo laborioso,
de Miguel me perturba su elegía.
Hablemos de la paz
Hablemos de la paz, de ese deseo
que es casi una oración, es codiciar
un mundo más humano y fraternal,
sin rencores, ni guerras ni desprecios.
La paz es un abrazo grande y tierno,
un camino que lleva a la igualdad,
es justicia, empatía y libertad,
también debe ser fe, agua y sustento.
Hablemos de la paz, de esa utopía
que camina descalza y desarmada
y te ofrece su mano limpia y franca.
Viste siempre concordia y esperanza,
detesta los agobios y rencillas
y ofrece ante un revés la otra mejilla.
Dolor
Doler, duele la gloria, el hambre
y hasta el tiempo de espera
que no admite demoras.
Duele también cualquier silencio
tan lleno de pesar
que no cabe en su fondo ni una letra.
Duele morir sin más, siendo tan joven
que no quedan recuerdos ni futuro,
solo preguntas y alguna desazón
como la angustia.
Duele escribir un libro
y tanta historia que nos ronda de noche
y nunca encuentra amanecer, actores
o desenlace.
Duelen siempre las flores,
símbolo de la muerte y del olvido.
Duele pisar la calle sin maletas ni ropa,
sintiendo esa intemperie
que te ciega y devora.
Y hasta duelen los besos
cuando saben a ausencia.
Y siempre duelen las despedidas,
porque sin pretenderlo abren heridas
como volcanes que arrojan miedos.
No me digas
que no puedes saltar entre las nubes.
Es que acaso no ves la escala
que sale de tu corazón
y sube hacia arriba, muy alto,
para invitarte a volar como un ave.
Despliega
las dos alas que llevas
cogidas en la espalda
con seda y alfileres.
Verás que son claras
como la luz del alba,
como las del geniecillo
que hila la esperanza.
Acuérdate del cuento
en el que un hada
regalaba prodigios
y curaba las penas
con su vara de almendro.
También tú eres de luz
y tienes fuerza
y hasta el don de la magia
entre tus manos.
Hambre
Devoramos paz, devoramos cielo,
hasta tierra comemos con sus tumbas,
con sus montes de niebla y con sus gritos
dispersos en los cráteres del hambre.
Siempre estamos tragando,
miseria unos momentos
y al instante los brillos de algún lodo.
Engullimos la luz de una respuesta
y el verde de una selva con sus ríos,
hasta el negro carbón que deja un crimen.
Tal vez,
tanta necesidad de poesía y materia
radique en nuestro origen:
una explosión atómica que originó el mundo…
Y es que necesitamos
volver a los que fuimos (materia
condensada),
al vientre de aquel pequeño átomo
para apagar el fuego que devora sin tregua
nuestras secas entrañas
y tanto miedo.
Desear para no dormir
Soñando sin dormir. Cuánta alegría
casi palpar y ver tanto deseo
que me asalta con leve cuchicheo
y me convoca al goce de una orgía.
Un Sandokán de la piratería
seductor e indomable yo me veo,
y soy también un motorista feo
con su Harley invicta y su osadía.
Y todo lo poseo, hasta ternura,
un castillo y un coche deportivo
el éxito que mata y la bravura.
Y soy entonces genio e intuitivo;
y cuerdo, aunque me pierda la locura
de un erotismo vivo y excesivo.
Decir a estas alturas que te amo
Decir a estas alturas que te amo
puede sonar a cursi o a mentira,
y sin embargo siento que respira
mi yo mas hondo cuando lo proclamo.
Decirte que eres fe y eres costumbre
y, además, compañera y mi sustento
es arrojar al aire lo que siento
y ahuyentar de mi ser la pesadumbre.
Confieso que eres río y aventura,
eres también rescoldo de alegría
y el lecho donde pierdo la armadura.
Me sigue deslumbrando tu ironía,
después de tanto tiempo eres albura
y pan y un brindis por la rebeldía.
Disfruta del momento, vive y goza,
trata de ser feliz, forja utopías,
siembra a tu alrededor paz y alegría,
que el tiempo no te sea nunca una losa.
No dejes que te roa la carcoma,
ama con corazón y saborea
cada dulce ocasión de ser idea,
ponte dos alas; siéntete paloma.
Que no te venzan miedo ni desidia,
sueña despierto, sé verso y brisa,
escapa de la pena y de la envidia.
Anda con libertad, viste sonrisa,
porque la vida corre y no perdona
las dudas y el temor a ser persona.
Hoy es tu día, mujer
Hoy es tu
día, mujer, tú que trajinas
de sol a
sol y por la noche velas
el sueño
de los tuyos con cautela,
eres lema
de paz y medicina.
Con tu
afecto leal vences inquinas,
te
esfuerzas con tesón y eres escuela
donde
escribir con dicha la novela
que acaba
con el gris de la rutina.
Eres
ejemplo, pundonor y brisa,
eres
liberación, eres futuro,
eres amor
sin ruidos y sin prisas.
Eres
trabajadora, eres conjuro
que vence
al desaliento, eres sonrisa
y eres la fuerza que derriba muros.
Olvidos
Me olvido de llorar aunque me hieran
Tiene guasa la arrob@. Quién diría
Ramón Luque está galardonado con el escudo de oro de la Unión Nacional de Escritores de España.
