Rota, quebrada, pero libre...

 

Lorena Martínez

Un golpe certero en el centro del pecho, haciéndola perder el sentido del segundo eterno, en el cual repasó todos los hechos, las palabras, los porqués, los acuerdos… todo grabado a fuego.

Flotó… buscando a tientas su autoestima, pero no lo halló; no entendió nada.

La vio salir por la ventana como energía, como alma, como razón… como culpa.


Perdió su orgullo,

lo vio caer al suelo como un espejo.

Perdió su honor,

que nunca debió perder

porque nunca fue suyo el error.

Perdió su estirpe,

la fuerza de las que vinieron antes,

y aun así,

en el fondo del abismo,

quedó algo pequeño,

respirando.

Cerró los ojos, segura de que vendría, pero no llegó; solo encontró la realidad de su amor propio… siempre pensando que nunca más.

Rezando para poder perdonar y que esta vez… sea la última.


Para las mujeres que fueron quebradas

pero siguen de pie.

Para las silenciadas,

las que tragaron lágrimas

para no provocar más tormenta.

Para las desgastadas,

las que se diluyeron un poco cada día

intentando no desaparecer por completo.

Para las invisibilizadas,

las que gritaban sin sonido,

las que el mundo no supo escuchar.

Para las que luchan en silencio

cada día que abren los ojos.

Para las que escaparon

y todavía tiemblan cuando recuerdan.

Para las que no lograron escapar a tiempo,

y dejaron un eco que aún exige justicia.

Porque este 25 de noviembre

no es una fecha,

es un luto,

una memoria,

un grito.

Es por ellas y para ellas:

por las que siguen aquí,

por las que reconstruyen su vida

con piezas que parecían irrecuperables.

Por las que buscan su voz,

su fuego,

sus alas.

Y por todas las que merecen un mundo

donde vivir

no sea un acto de valentía,

sino un derecho

inalterable e innegociable,

Rota,

quebrada,

pero libre.

Y viva.