Sin miedo escénico. Teatro en las escuelas

 

Alberto Morate

- El teatro es un escenario de madera donde salen personas.

-¡No!, son unas personas que salen a representar una obra que sienten, una cosa que quieren representar, por ejemplo, la amistad.

-Al final la gente aplaude, pero aplauden dos cosas: el sacrificio que hacen los artistas para hacerlo bien y la obra de quien lo ha escrito y lo ha hecho.

Así se expresaban unos niños y niñas de alrededor de nueve años en el año 1976, mis primeras alumnas de teatro, o dramatización, cuando yo empezaba a dar clases. Si hoy preguntara a cualquiera de mis alumnos/as no diferiría demasiado de esa definición.

Otra chica de 10 años escribía: “El profesor de teatro se distingue fácilmente de los demás profesores, puesto que es simpático y sus clases son muy agradables. Además, no nos manda mucho trabajo para casa, aunque algo sí. La clase que nos da no parece una clase, puesto que se nos hacen muy cortas”.

Antes de iniciar esas primeras sesiones de teatro con niños, yo me planteaba una serie de preguntas, a las que hoy, todavía, sigo indagando respuestas. Son preguntas que todo profesional, (o no), del teatro infantil y juvenil debería cuestionarse de vez en cuando, para no perder el sentido de lo que está haciendo: “¿Qué es el teatro infantil?”, “¿qué es hacer teatro para niños y con niños?”, “¿cómo se puede hacer teatro con niños?”, “¿en qué se diferencia del teatro de adultos?”, “¿por qué se hace teatro con niños?”

La experiencia sirve para mucho, pero los niños son siempre otros, son siempre nuevos, vienen con su ilusión y su alegría a que les ofrezcamos lo mejor de nosotros. Quieren experimentar ellos a su vez, quieren conocer, sentir, expresarse... y el teatro es una posibilidad que tienen ahí, al alcance de la mano, ¡qué fácil es hacer teatro!, (aparentemente, claro), sólo hace falta espacio, algo de tiempo, y un grupo de niños dispuestos a ello.

Con todas las ventajas que supone para el buen desarrollo académico y personal, para el fomento de la lectura y la expresión, para el conocimiento en general, para el trabajo de equipo y la organización del tiempo, para el desarrollo artístico y el pensamiento lógico, para las capacidades físicas y la creatividad imaginativa, para desenvolverse en una sociedad que cada vez cuida más la imagen, ... aún no entiendo cómo no está englobada esta materia como parte, no ya obligatoria, sino recomendable, imprescindible, necesaria, del sistema educativo.

Como dice Lola Poveda: “La aportación de mi experiencia y de mi trabajo es también un intento de colaborar a la creación de nuestras propias formas en la expresión dramática, algo que la actual legislación educativa ha intuido, pero que no ha llegado a precisar”(Lola Poveda, “Ser o no ser. Reflexión antropológica para un programa de pedagogía teatral” Ediciones Narcea, Madrid, 1995, p. 135).

Mientras, seguiremos haciendo una labor callada y un tanto anónima, cada uno con sus luchas, sus ventajas y sus inconvenientes, leyendo lo que otros publican, de vez en cuando, compartiendo experiencias en conferencias, congresos o cursos, pero ante todo y, sobre todo, creyendo en el teatro para niños/as y con niños/as, con jóvenes y adolescentes, y también, ¿por qué no?, con aficionados/as que antes experimentaron el placer de haber hecho teatro en el colegio.

Alberto Morate es miembro de honor de la Unión Nacional de Escritores de España.