Fernando Yélamos
Eran las cinco de la tarde del 5 de junio de 1976. El sol caía de lleno en Fuente Vaqueros, la localidad de la comarca de la Vega granadina donde nació Federico. Allí nos encontrábamos miles de personas con hambre de libertad, pañuelos y gorras en la cabeza. Algunas frentes goteaban como los mulos en las trillas. Aquel acto, autorizado solo durante treinta minutos por el entonces ministro de Gobernación Manuel Fraga, se convirtió pronto en el símbolo de la transición hacia la democracia. El sol calentaba fuera, pero dentro las almas sentían frío. El silencio y un sentimiento de callado respeto parecían pesar sobre los presentes. Podría decirse que ese mudo sentir aplastaba aún más nuestras miradas contra el suelo, mientras que nuestras mentes viajaban en el tiempo intentando borrar un día que todos queríamos que nunca hubiera existido.
Nuria Espert, Aurora Bautista y Blas Otero subieron al escenario de libertad y… ¡sonaron los gemidos y la poesía de Federico García Lorca! Entre las intervenciones hubo dos no previstas: la del poeta José Agustín Goytisolo y la del profesor Juan Antonio Rivas. Por parte de la familia Lorca intervino Manuel Fernández Montesinos. Rafael Alberti, a su vez, envió desde su exilio romano un mensaje grabado.
Con la piel engallinada desde hacía rato, sentí frío, pena, llanto y me estremecí por completo a la par que en mi pensamiento sonaba mi canto:
Víznar, pueblo de silencio y llanto,
allí donde Federico fue callado…
¡Ay, carretera de Víznar-Alfacar!
¡Ay, pinos verdes y silenciosos!,
quietos y mudos mirones del camino,
testigos silentes de tamaña crueldad.
¡Ay, cuánta pena, cuánto llanto!
¡Ay, cuánta sangre derramada!
¡Ay, cuánta poesía callada!
¡Qué pena, qué pena…, qué pena!
Fernando Yélamos es delegado permanente de la UNEE para las Relaciones con Francia. Está galardonado con la Medalla de San Isidoro de Sevilla.