De una mala situación florece una golosa victoria
La reina de oros,
que se considera a
sí misma invicta,
ha saltado de la
baraja,
desde el azar con
ventaja
hacia el tapete
dorado.
El universo prosigue
el sendero con decoro,
mientras el mago ya
se ha adelantado,
tres pasos por
delante para brindar una valiosa pista,
en su predicción de
estado.
Casi todas las
cartas avanzan con miedo y cautela
en un baile cuyo
final no se espera.
Quien se quede atrás
en el cruel sinvivir
del amor incondicional
recibirá un tres de
espadas como regalo,
o la torre con su
rayo,
o el cinco de oros
con su pobreza emocional a ras
del suelo, o la
desolación de la muerte
junto a la pasividad
del colgado.
En realidad, ni vas
perdiendo ni vas ganando.
Tras una mala
partida puede florecer una golosa victoria.
Lo atestigua la
rueda de la fortuna,
y si no la crees,
al comodín pongo por
testigo.
Siempre está ahí,
fingiendo ser inútil,
mientras te dispara
soluciones
a tus creativos
desafíos.
Y la reina de oros
cómplice de todo
juego
y de toda historia
pasada, actual y
futura,
te levanta y te
motiva
para que cada día
trabajes por el
propósito por el cual
viniste aquí,
a preguntar en el
tapete dorado
¿cómo te fue?,
¿cómo te va?,
¿cómo te irá?,
bajo un sol
afectuoso
que te enfoca
para que te ilumines
y, a su vez, inspires a otros
en el frondoso árbol de la vida.
Poema publicado en Antología Poetas de Ahora
Tirar del carro
Tenía pretensiones de dejar huella,
mientras sus manos firmes
titubeaban
ante tal temeridad.
Pero hubo un momento
en el que disipó su duda
y el anónimo se animó a presionar
los dedos en el cuello
como cuadrigas de caballos,
con velocidad, presión y descansos
marcados por la rutina deportiva.
En éstos últimos aprovechaba para toser
y coger resuello.
Me embriagaba un disparador mental
de adrenalina y oxitocina sin retorno.
La privación de la respiración
se convirtió en aliento de vida.
La sesión se zanjó
con un suceso que costó admitir
por pudor.
Desde entonces,
ascendió a íntimo
por sus cualidades certeras.
Me visitaba cada verano
puntualmente,
y clavaba en mi garganta sus ojos ansiosos
repitiendo en el tiempo
ese ritual tan poderoso
e insaciable
de asfixia y deseo.
Poema del libro Secretos empolvados
Obsesión
Despido destellos
involuntarios
de estrellas
ardientes, brillantes y fugaces
cuando te siento
arraigado en mi mente.
Eres inmune a mi
férrea voluntad
de aplicarte el
contacto cero.
Te has instalado en
mi cerebro
con la misma
obsesión
que la codicia de
una esmeralda
colgada en el
cuello.
Aunque transcurran
las horas,
los días y los años,
y me esfuerce en
distraerme con otras historias,
tu timbaleo sigue
tronando.
El esfuerzo
premeditado
de echarte a la
pérdida del recuerdo,
al destierro del
olvido
me supone un trabajo
improductivo.
Me parece
el infierno
descomunal
el deseo de besarte
en la profundidad
del universo.
La motivación de
buscarte prevalece,
aun a riesgo de que
el sigiloso e infinito vacío del cielo
seas tú,
y me acabes
engullendo.
Publicado en Antología de Poetas de Ahora
De visita en la vida,
me hallo en el hábito de caminar hacia la piedra agridulce,
en el punto de inflexión
donde el imprevisto me regaló la sorpresa
de un descubrimiento intempestivo.
Duele desvelar que soy tu espejo
y que el asunto es mutuo,
un axioma en toda regla.
Ante ti se me presenta la crudeza de la situación,
el imperativo de remover emociones en el cerebro
e iniciar el movimiento de desaprender
toda la existencia anterior,
al encuentro fortuito
en aquella arena engullida
por las olas de espuma.
La casualidad hizo un trabajo impetuoso,
al igual que la justicia y el calor prepotente de agosto.
Nuestra ropa batalla
quedándose aún en nuestros cuerpos.
El sudor de mi frente muestra la evidencia
de que mi desnudez física
se oculta en ese recato tan grandioso y excusable,
que estoy tan dispuesta a alardear sin demasiada ciencia.
Mientras que la tuya es emocional,
de acceso reservado para penetrarla.
Maldita sea la hora
de extrañarte cada día
tras conocer que habitas en el mundo.
Mi transformación es el agua limpia que te refleja.
Y ahí estamos
con rostros despavoridos,
por el escándalo de las estupideces
dichas y no dichas
que, uno frente al otro vemos en el espejo,
reconociéndonos con todo detalle
lo que realmente somos.
Mientras que la sabiduría violenta e incómoda
que nos imponen la vida y el reloj de arena
nos volverá a revelar cada agosto de cada año
por qué nuestros cuerpos
fueron secuestrados por un deseo indomable,
irracional, salvaje…
Porciones bárbaras de excesos
que saben solo a nosotros.
Poema del libro Secretos empolvados
