Treinta y ocho pasos junto a García Lorca

 

Anduvimos juntos un camino
entre lavanda y romeros,
entre arlequines en tierras de nadie,
haciendo un hueco
a tu sepultura.

Treinta y ocho pasos,
solo anduve treinta y ocho pasos contigo,
escuchando los gritos de tu silencio
en ese recorrido pétreo, sin tacto a tus pies.

La justicia volaba
entre nubes sembradas
de harina y arroz,
disipándose ante los ojos de gorriones
y cuervos hambrientos.

Perseguimos al viento
y llegamos a nuevas costas.
Mientras, el sepulturero
esperaba tu último paso,
con cuchillos de hielo
en sus manos.

Caminé contigo,
perdidos entre las sombras
de falsas acacias,
perseguidos por hombres
sin piedad,
hollando la libertad
de un querer ser,
de un querer decir
y de un no poder.

Te acompañé.
Sí, te acompañé,
hasta llegar a tu vacío,
donde, por fin,
bajo el silencio de la inerte tierra,
execraste la luna que tanto amaste.

Pude escucharte,
como estatua custodiando
el no olvido,
y destapar todos tus pensamientos
con mis manos ensangrentadas,
arrancando de tu corazón vacío
las telarañas
de la iniquidad de un tiempo
que no fue el tuyo.

Ahora, las secuoyas te lloran
en los prados Asfódelos,
porque ya no hay camino.

María del Carmen Aranda Fernández.

El Poema fue leído en el Ateneo de Madrid, en la IV Jornada Mundial por la Insurgencia Cultural en solidaridad con los poetas insurgentes y en conmemoración de su fusilamiento.

Ha sido traducido al árabe por el premiado traductor Mohamed Gomaa Tawfik.

La autora está galardonada con el escudo de oro de la Unión Nacional de Escritores de España.