Prisionero
en este árbol me encuentro, entre ramas que se entrecruzan entre ellas prohibiéndome
la vida que discurre más allá.
Desde este robusto árbol veo tantas
cosas bellas que no puedo alcanzar.
Diríase que soy un simple espectador que
ve la vida pasar...
Las olas rompen en esta orilla que
contemplo a lo lejos, allá donde la arena termina. En un horizonte donde cada
día sale el sol para luego morir. Luego la luna me muestra sus sueños en el
reflejo de esas aguas que el viento remueve a su antojo.
¿Quién soy?,
me pregunto a cada instante, mientras el sol en el día me ilumina y la luna en
la noche me deja en penumbra.
El día, la noche, el día la noche y un
sinfín de sensaciones que no puedo disfrutar.
Nada de lo que soy.
Nada de lo que sueño...
Tal vez el vivir así sea mi pesadilla y
tan sólo tengo que apretar bien los ojos para convertir todo lo que presencio en
un dulce regaliz que saborear.
Así son los
sueños, imagino.
Muy dulces.
Cada día, cada mañana cuando el tic-tac,
tic-tac de un reloj que escucho cerca de mi ventana da las nueve, aparecen para
que me distraiga…
No estoy enfermo, no, esa no es la palabra.
No.
Estoy atrapado que no es lo mismo.
Encerrado.
Soy un preso
entre barrotes de hierro…
Mis compañeros cantan cuando llegan a mi
ventana.
Yo no lo hago.
No puedo.
No me sale ningún sonido.
NADA.
Ellos insisten, pero no tienen nada que
hacer. Mis cuerdas vocales están infectadas por un virus que las ha dejado
afónicas. El nombre de ese virus es una palabra simple: DEPRESIÓN.
Y pasan los días, los soles, las lunas y
las visitas de mis amigos; los tic-tac, tic-tac del reloj...; y no quiero vivir
más...
La persona que me mantiene preso se ha
detenido y me mira, siente compasión por mí, sabe bien mi pena. Me comprende
con una cierta ternura en su cara.
Ha esperado a que vinieran mis amigos a
visitarme para dejarme en libertad. Abrir la puerta de esta jaula que me
mantiene preso.
Sí, ahora sí…
Ahora puedo abrir mis alas y volar, cantar
felizmente junto a mis compañeros.
El crepúsculo me espera cargado de
sensaciones nuevas que descubrir.
Ahora ya sé quien soy: un pajarito en libertad.
José Francisco
González Amorós es miembro de honor de la Unión Nacional de Escritores de España.
