Y cada día me pregunto ¿Quién soy?

 

Fran González Amorós

Prisionero en este árbol me encuentro, entre ramas que se entrecruzan entre ellas prohibiéndome la vida que discurre más allá.

Desde este robusto árbol veo tantas cosas bellas que no puedo alcanzar.

Diríase que soy un simple espectador que ve la vida pasar...

Las olas rompen en esta orilla que contemplo a lo lejos, allá donde la arena termina. En un horizonte donde cada día sale el sol para luego morir. Luego la luna me muestra sus sueños en el reflejo de esas aguas que el viento remueve a su antojo.

¿Quién soy?, me pregunto a cada instante, mientras el sol en el día me ilumina y la luna en la noche me deja en penumbra.

El día, la noche, el día la noche y un sinfín de sensaciones que no puedo disfrutar.

Nada de lo que soy.

Nada de lo que sueño...

Tal vez el vivir así sea mi pesadilla y tan sólo tengo que apretar bien los ojos para convertir todo lo que presencio en un dulce regaliz que saborear.

Así son los sueños, imagino.

Muy dulces.

Cada día, cada mañana cuando el tic-tac, tic-tac de un reloj que escucho cerca de mi ventana da las nueve, aparecen para que me distraiga…

No estoy enfermo, no, esa no es la palabra.

No.

Estoy atrapado que no es lo mismo.

Encerrado.

Soy un preso entre barrotes de hierro…

Mis compañeros cantan cuando llegan a mi ventana.

Yo no lo hago.

No puedo.

No me sale ningún sonido.

NADA.

Ellos insisten, pero no tienen nada que hacer. Mis cuerdas vocales están infectadas por un virus que las ha dejado afónicas. El nombre de ese virus es una palabra simple: DEPRESIÓN.

Y pasan los días, los soles, las lunas y las visitas de mis amigos; los tic-tac, tic-tac del reloj...; y no quiero vivir más...

La persona que me mantiene preso se ha detenido y me mira, siente compasión por mí, sabe bien mi pena. Me comprende con una cierta ternura en su cara.

Ha esperado a que vinieran mis amigos a visitarme para dejarme en libertad. Abrir la puerta de esta jaula que me mantiene preso.

Sí, ahora sí…

Ahora puedo abrir mis alas y volar, cantar felizmente junto a mis compañeros.  

El crepúsculo me espera cargado de sensaciones nuevas que descubrir.

Ahora ya sé quien soy: un pajarito en libertad.

José Francisco González Amorós es miembro de honor de la Unión Nacional de Escritores de España.