Tomás Bernal Benito
El más terrible de todos los sentimientos, es el sentimiento de tener muerta la esperanza.
Federico García Lorca
Hoy he cumplido sesenta y dos años. Llueve en el
exterior, sobre el asfalto. Y en mi interior. Miguel nos ha dejado joven: a los
cincuenta y siete años. Cuando le
diagnosticaron que tenía cáncer de pulmón le entraron más ganas de vivir que
nunca, y cuando la terrible enfermedad se le extendió por los huesos y le
demacró, consciente de que se consumía lentamente aceptó su trágico final con evidente
resignación.
—Lo siento mucho, Tere. Venga, ten esperanza —he oído
decir a una vecina, dándole el pésame a mi hermana.
¿Esperanza?
Esperanza, de ¿qué? ¿Qué es la esperanza? Acaso la esperanza no es un estado de
ánimo optimista basado en la expectativa de resultados favorables. ¿Entonces?
¿Cómo puede Tere estar optimista? Hoy, lamentablemente, a mis sesenta y dos años,
no hay lugar para la esperanza. O, ¿sí? Siento que alguien tira del dedo índice
de mi mano izquierda.
—Yayo, ¿qué te pasa? —es Vega, mi nieta, cuatro años. Su
tierna pregunta la contesto con la mirada borrosa—. Sabes, yayo —prosigue
acariciando con su manita mi barba—, cuando estoy triste, mami me cuenta un
cuento y se me pasa. ¿Quieres que te cuente un cuento?
—Sí cariño, por… favor —le digo con la voz entrecortada—,
cuéntame… un cuento.
Puede que la vecina tenga razón, y creo… creo que, a mis sesenta
y dos años, aún queda un lugar para la esperanza.
Obra ganadora del tercer premio en el IX
Concurso de Microrrelatos del C.C.M.
Tomás Bernal Benito es vocal honorario
de la Unión Nacional de Escritores de España.
