Pero no fue solo un recorrido geográfico, sino emocional. Frente a paisajes que alguna vez vieron avanzar columnas militares y caer hombres olvidados, nos detuvimos a mirar con respeto, a escuchar el silencio de los barrancos y a dejar que el polvo del camino se mezclara con nuestras propias preguntas. ¿Qué quedó allí? ¿Qué hemos aprendido? ¿Qué olvidamos?
Al llegar a Alhucemas, la brisa del mar nos recibió como si supiera que veníamos cargados de historia, de heridas abiertas y de deseo de reconciliación con el pasado. Fue un viaje de homenaje, de recogimiento y de reencuentro con algo más profundo que la memoria: la dignidad de quienes caminaron antes que nosotros.
Y sí, yo sí entré en Alhucemas.
Sinopsis del libro de Clemente González Suárez
El autor está galardonado con el escudo de oro de la Unión Nacional de Escritores de España.
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