Diego Alonso Cánovas, poemas

 

Una plácida mañana de septiembre en Mónsul

Salpicado de soles y zafiros,

el mar respira a ritmo lento

en tregua con el viento y con la tierra.

Dormita Poseidón en las profundidades,

y arriba se suceden

las rumorosas ondas

que vierten su salina calma

en el rostro arenoso de mi tierra.

Y allí, en la solitaria

amplitud de su luz,

frente a tanto infinito,

junto a tanta belleza,

vuelvo a escuchar el dulce

encanto planetario de la vida.


Personas

A la Madre Francisca de Paula Gil Cano

(Vera, 1849; Murcia, 1913).

 

… y luego están las otras,

aquellas que se olvidan de sí mismas,

las que encuentran su gozo

en la misericordia,

las que viven al lado de una pena,

al borde de una herida.

Las que sienten contigo y no abandonan,

aquellas que se afanan en abrazos

y te dan mil razones

para seguir latiendo.

 

Ellas son los auténticos

pilares de la tierra.

 

Verdad

Como errático alumno que persigue la incógnita,

como planta que nace y que busca la luz,

como busca el poeta las palabras sonoras,

el poema perfecto,

como busca calmar el sediento la sed,

como busca la fórmula perfecta el alquimista,

en los libros de ciencia, en el arte, en el hombre,

en la historia, en el aire,

invocando a los muertos,

preguntando a los sabios,

así te busco yo.


Diego Alonso Cánovas es miembro de honor de la Unión Nacional de Escritores de España.

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