Disculpa, amor
Disculpa
si a lo largo del poema
utilizo
la rima y la medida.
Disculpa
por el ritmo. Se me olvida
evitar,
por principio, ese problema.
Disculpa
por hablarte de este tema
en vez
de estar cantándole a la vida.
Disculpa
mi pasión incontenida
por que
mis versos sigan un esquema.
No
quiero terminar este soneto
sin
hacer referencia a lo importante,
y aunque
solo dispongo de un terceto
aún me
sobran versos por delante
para
decirte, amor, en plan escueto,
que tu
vida ilumina mi semblante.
Una plácida mañana de septiembre en Mónsul
Salpicado de soles y zafiros,
el mar respira a ritmo lento
en tregua con el viento y con la tierra.
Dormita Poseidón en las profundidades,
y arriba se suceden
las rumorosas ondas
que vierten su salina calma
en el rostro arenoso de mi tierra.
Y allí, en la solitaria
amplitud de su luz,
frente a tanto infinito,
junto a tanta belleza,
vuelvo a escuchar el dulce
encanto planetario de la vida.
Personas
A la Madre Francisca de Paula Gil Cano
(Vera, 1849; Murcia, 1913).
… y
luego están las otras,
aquellas
que se olvidan de sí mismas,
las que
encuentran su gozo
en la
misericordia,
las que
viven al lado de una pena,
al borde
de una herida.
Las que
sienten contigo y no abandonan,
aquellas
que se afanan en abrazos
y te dan
mil razones
para
seguir latiendo.
Ellas
son los auténticos
pilares
de la tierra.
Verdad
Como
errático alumno que persigue la incógnita,
como planta
que nace y que busca la luz,
como busca el
poeta las palabras sonoras,
el poema
perfecto,
como busca
calmar el sediento la sed,
como busca
la fórmula perfecta el alquimista,
en los
libros de ciencia, en el arte, en el hombre,
en la
historia, en el aire,
invocando a
los muertos,
preguntando
a los sabios,
así te busco
yo.
Diego Alonso Cánovas es miembro de honor de la Unión Nacional de Escritores de España.
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